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La
Internet en Améric@ Latin@ Débil
pero influyente presencia, incipientes
políticas culturales Raúl
Trejo Delarbre Instituto
de Investigaciones Sociales Universidad
Nacional Autónoma de México Este
trabajo, fue elaborado por encargo del Sistema Económico Latinoamericano para
el seminario “Integración Económica e Industrias Culturales en América
Latina y El Caribe” que, conjuntamente con la UNESCO y otras instituciones,
auspició el 30 y 31 de julio de
1998 en Buenos Aires, Argentina. El ensayo formaparte del libro Las
industrias culturales en la integración latinoamericana coordinado
por el Dr. Néstor García Canclini y Carlos Moneta y que fue publicado en 1999,
en México por Grijalbo y en Argentina por Eudeba. La
escena todavía no deja de resultar extraña, pero ya forma parte de las rutinas
urbanas en varias de nuestras ciudades. Cada vez más jóvenes acuden a esos
peculiares establecimientos en donde más que conversar frente a frente se
charla con interlocutores virtuales y en vez de alimentos y bebidas, el consumo
principal de mide en tiempo de acceso. Los cibercafés
comienzan a ser refugio representativo de los tiempos actuales y, acaso,
expresión de la llamada cultura posmoderna entendida como manifestación de
individualismo y exaltación de búsquedas personales. En esos sitios,
frecuentados especialmente por muchachos, a veces es posible encontrar un casi
completo silencio aunque estén atestados. Cada cliente se halla ensimismado
delante de la pantalla de la computadora navegando por la Internet. Algunos,
buscan los datos para la tarea escolar porque en la biblioteca de su escuela no
hay conexión a la red de redes. Otros, se entretienen en rebuscados juegos
virtuales. Los más, saltan de sitio en sitio, con el dejo de fastidio de quien
si no lo sabe todo, supone que puede saberlo ya que está conectado a la fuente
de información más grande y creciente en la historia de la humanidad.
Los cibercafés están siendo una modalidad no precisamente para que
socialicen entre sí, sino para que millares de jóvenes latinoamericanos se
enlacen con una red de redes que casi no tiene sitios
específicos para ellos, pero en donde se afanan por matar el ocio de una manera
inédita. En países en los que la conexión a la Internet sigue siendo caro y
exige de equipos de los que apenas dispone un porcentaje muy pequeño de la
población, los cibercafés ayudan a democratizar el ingreso a la Internet.
Así
como con la mayoría de los asuntos en la red de redes, resulta imposible tener
una estadística actualizada sobre la cantidad de cibercafés en América
Latina. Todo cambia, todo el tiempo, en la Internet. En junio de 1998, la página Cibercafés
in the Americas del periodista Ron Mader mencionó a 19 cibercafés en México,
8 en Guatemala, 4 en Ecuador, 4 en Bolivia, 4 en Chile, 3 en Honduras, dos en
Perú, dos en Costa Rica, dos en Perú, dos en Costa Rica, uno en Brasil, otro
en Colombia, uno en Belice, uno en El Salvador y uno más en la República
Dominicana [1].
Seguramente hay muchos más. En todo caso, la propagación de cibercafés nos
resulta útil para explicar que las insuficiencias financieras, tecnológicas y
culturales que América Latina padece para volcarse en la Internet pueden ser
atenuadas -aunque no resueltas del todo- con
mecanismos ingeniosos y nuevos. En países de Europa o en Canadá, por ejemplo,
los usuarios de cibercafés suelen ser jóvenes que ya tienen acceso a la
Internet, en sus casas o escuelas. En América Latina, con frecuencia los
parroquianos de ese reciente servicio sólo allí pueden asomarse a la red de
redes. Menos
del 1.8% de los
latinoamericanos La
presencia de la Internet en América Latina es más relevante por sus
posibilidades que por su cobertura real. Hoy en día, tiene más influencia por
la calidad que por la cantidad de los mensajes que navegan desde y dentro de
esta región. Una firma especializada en negocios a través de la red de redes,
estima que actualmente hay unos 8.5 millones de latinoamericanos conectados al
ciberespacio pero que esa cantidad aumentará a 34 millones antes de que acabe
el año 2000 [2].
Eso significaría que ahora, menos del 1.8% de los aproximadamente 475 millones
de habitantes de la región tienen acceso a ese recurso informático y que aun
si se cumpliera con ese pronóstico (que quizá resulta demasiado alegre) ni
siquiera el 8% de la población lograría ese privilegio al comenzar el
inminente siglo.
No por eso sería pertinente desatender el estudio ni la promoción de
políticas nacionales y regionales para impulsar a la Internet. Por una parte,
el uso que ya se hace en América Latina de la supercarretera de la información,
tiene tales implicaciones que ya está significando prácticas inéditas en la
interrelación profesional y cultural de individuos y colectividades en la región.
Por otra, aunque las dificultades financieras sigan erigiéndose como el dique
principal para el crecimiento latinoamericano, es muy importante el fomento no sólo
al desarrollo de infraestructura sino, junto con ello, a la creación de una
diversificada y sólida cultura informática en nuestras sociedades. El tiempo
que desperdiciemos ahora para avanzar en esas metas, se multiplicará y se
convertirá en un rezago creciente en el mediano plazo.
De cualquier manera, los datos sobre el desarrollo de la Internet son tan
engañosos como dispersos. En todo el mundo, las cifras del número de
computadoras intercontectadas y de usuarios inmersos en el ciberespacio, tienden
a ser poco escrupulosas porque suelen estar determinadas por un voluntarioso
optimismo –e incluso, por intereses comerciales que resultan favorecidos si se
cree que el tamaño de la Red es mayor de lo que en realidad ocurre--. Así, la
información sobre las dimensiones actuales de la Internet, lo mismo en el plano
mundial que en el latinoamericano, es preciso tomarla con reservas.
Lo mismo ocurre con el ritmo de crecimiento de ese recurso informático.
En los Estados Unidos, que es en donde primero y con más ímpetu se ha
desarrollado la Internet, parece haberse detenido el incremento casi geométrico
que había en la capacidad instalada y el número de usuarios de la red de
redes. A mediados de 1998, se estima que el 37% de los hogares estadounidenses
tienen computadoras con módem pero que apenas una quinta parte de la población
acostumbra conectarse a través de la Internet.
En América Latina, el dato que ofrecemos al comienzo de este ensayo es
de los más optimistas. Otras estimaciones, sugieren que apenas si hay cinco
millones de usuarios de la Internet en esta región aunque, en comparación con
el reciente empleo de ese recurso, su crecimiento de todos modos parece
acelerado. El secretario estadounidense de Comercio, William Daley, ha asegurado
que “en sólo tres años y medio, el uso de la Internet ha crecido en más de
800 por ciento en América Latina” y esa expansión le lleva a considerar que
“todo indica que el número de usuarios seguirá creciendo al mismo ritmo en
los años venideros” [3].
De hecho, ahora comienza a asentarse una suerte de realismo internáutico,
luego del no del todo sustentable frenesí que a comienzos de esta última década
del siglo propagó las bondades de la Internet como si todo el mundo contase ya
con líneas telefónicas, computadoras con módems y enlaces accesibles para
sintonizarse con la red de redes. Así es que hay que insistir en verdades básicas,
aunque sean obvias, como la siguiente: la Internet es un recurso limitado para
quienes, formando parte de las élites sociales, políticas o culturales en cada
país, cuentan con posibilidades técnicas y antes que nada económicas que les
permitan conectarse a la red. Hay dos vías para acercarnos a la importancia cuantitativa que la Internet tiene en América Latina. La primera consiste en revisar cuántas conexiones, o cuántas computadoras, se encuentran ligadas a la red de redes y, de ser posible, cuántos usuarios se benefician de ese recurso. En la segunda vía, se trata de contabilizar cuál es la presencia de América Latina en la Internet, medida a través de las computadoras desde las cuales se ponen a circular mensajes y más específicamente, contabilizando las páginas web elaboradas en los países de esta región. con
auge relativo El desarrollo de la Internet en América Latina es tan desigual como la región misma. Las naciones que incursionaron en la red con mayor prontitud, desde aproximadamente 1993, experimentaron una expansión notable en los tres años siguientes. Sin embargo, aunque es pronto para demostrarlo puntualmente, pareciera que aproximadamente a partir de 1998 tal crecimiento ha dejado de ser tan acelerado en esas naciones (Argentina, Chile o México especialmente) pero en aquellos países que entraron más tarde a la red ahora hay una evolución más dinámica. Otros, como Perú, es ahora cuando incrementan su capacidad instalada para vincularse a la Internet. El caso más notable es el de Brasil, en donde a partir de 1996 parece haberse desarrollado una auténtica euforia nacional por el ciberespacio. El cuadro siguiente, muestra datos de una firma fabricante de equipo de cómputo apoyados en un rastreo constante que se hace de las computadoras conectadas a la Internet y sus domicilios. Por host, tradicionalmente se entiende “cualquier computadora con una conexión dedicada a la Internet” pero esa definición ahora tiende a ser más amplia [4]. Un host puede ser explicado como un sitio desde el cual se difunde información a la Internet. En todo caso, constituye un indicador del crecimiento de la red. En comparación con sus respectivas poblaciones, Chile está a la cabeza en el número de computadoras dirigidas a la Internet, aunque Brasil y México tienen redes más extendidas en números absolutos. También puede advertirse que la capacidad telefónica instalada, medida en líneas por millar de habitantes, puede influir pero no siempre es decisiva para la propagación de la Internet. Eso se debe a que, a diferencia de lo que han supuesto algunos estudiosos del desarrollo de las telecomunicaciones y la informática, el crecimiento de la red de redes no se encuentra proporcionalmente ligado a la cobertura de los sistemas telefónicos: para estar en la Internet hace falta mucho más que teléfono. Cuadro
Uno
Crecimiento
de Internet en América Latina
Número
Hosts por
% crecimiento
líneas telefónicas
de hosts
millón de habs. de
hosts
por millar de habs. Argentina
12,688
370
905
78 Brasil
77,148
480
9,544
61 Chile
15,885
1,121
420
55
Colombia
9,054
250 703
52
Ecuador
590
54
80
30 México
29,840
318
348
68
Perú
5,192
216
2,936
22 Venezuela
2,417
115
357
68
Resto
del Mundo
16,146,000
ND
332
ND Fuente:
Network Wizards (http://www.nw.com) y CIA
Handbook. Información publicada en la página electrónica de Brady Net
Inc. Y
Bankers Trust Research. Datos
a enero de 1997.
La tercera columna compara el crecimiento de hosts
entre enero de 1996 y enero de 1997. Como puede advertirse, los países latinoamericanos poseen un porcentaje muy pequeño de sitios en la Internet. A la fecha de ese recuento, en enero de 1997, Argentina tenía apenas el 0.08% del total mundial, Brasil el 0.48%, Chile el 0.09%, México menos del 0.19% y entre los ocho países de la región mencionados en esa lista, menos del uno por ciento. Con todo, el desarrollo de la Internet en América Latina ha sido constante. Un año después de la evaluación anterior, se disponía de los siguientes hosts en el mundo y en América Latina. En el ámbito global, apenas Brasil y México se encuentran entre las 30 naciones más conectadas a la Internet. Las comparaciones son odiosas pero puede advertirse que Brasil, con sus más de 117 mil hosts y México con sus 41 600, apenas tenían poco más del 0.5% y del 0.2% de los más de 20 millones 600 mil domiciliados en Estados Unidos.
Las cifras anteriores nos permiten ubicar, al menos cuantitativamente, las dimensiones latinoamericanas en la Internet. Se trata de una presencia modesta, creciente y con limitaciones. Ya dentro del plano regional, más allá de la preponderancia de los Estados Unidos y Canadá, se pueden advertir esfuerzos importantes lo mismo en las naciones más grandes o de mayores recursos (especialmente Brasil, México y Argentina) que en otras que ocupan sitios relevantes en la medición de hosts no obstante sus magnitudes demográficas y limitaciones financieras. Esa es la utilidad del Cuadro Tres. Además, a partir de la comparación entre el número de hosts en enero de 1998 y enero de 1997, puede evaluarse el ensanchamiento real de la presencia latinoamericana en la Internet. En el transcurso de ese año, la red de redes creció casi en un 84%. En comparación, los hosts de Ecuador aumentaron un 76%, los de Venezuela un 60%, los sitios de Argentina casi un 58%, los de Brasil 52% y los de México 40%. La tendencia ha sido a que a partir de 1997, la Internet crezca en América Latina menos que en el resto del mundo. El crecimiento en 1997 en Chile y Colombia según los mismos indicadores fue del 12% y en Perú, hubo una disminución del 34% posiblemente atribuible a la modificación en la metodología empleada para medir la cantidad de hosts.
Igual
que en tantos otros aspectos de la vida social, económica o cultural, cada país
es un caso aparte que ameritaría un examen peculiar. En la mayoría de las
naciones, por desgracia, no se cuenta con datos actuales a la vez que
constantes, capaces de registrar tendencias e inflexiones en el desarrollo de la
red en cada uno de nuestros países. Cuando los hay, casi siempre se trata de
estimaciones a cargo de interesados que a título individual y con escaso o nulo
respaldo institucional se han inquietado por medir la evolución de la Internet
en alguno de sus países. La falta de políticas nacionales para una promoción
intensa e intencional de la red, es en parte motivo de esa precariedad en la
información sobre la Internet en nuestros países. Para el caso de Argentina,
por fortuna se cuenta con datos como los del cuadro siguiente, que a partir de
la misma fuente del cuadro anterior contabiliza el desarrollo de los hosts
domiciliados en ese país. Cuadro
Cuatro | ||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||