La
“ñ” en la Sociedad de la Información
Internet y el español.
Tendencias y preocupaciones
Ponencia presentada en el II Congreso Internacional de la Lengua Española
Valladolid, España, 18 de octubre de 2001
Raúl Trejo Delarbre
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Es imposible contar con datos exactos, pero hay quienes
estiman que hacia la mitad de 2001 el 5.4% de los internautas en todo el
mundo navegan en español por la red de redes
[2]. Esta lengua
es más empleada hoy que hace algunos años, pero el avance es muy pequeño.
Hace un par de años, en agosto de 1999, se estimaba que de entre 215
millones de usuarios de la Internet en todo el mundo el 4.5% (9.6 millones)
tenía al español como lengua principal
[3]. Se calcula que al finalizar 2001 habrá aproximadamente 476
millones de usuarios de la Internet, de los cuales 28 millones serán
cibernautas en nuestra lengua.
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Ese
punto porcentual que aumentó el uso del español en la red es parte,
ciertamente pequeña, del retroceso que ha tenido el empleo del inglés. En
1999 el 57% de los internautas empleaban el idioma inglés; ahora los anglo
navegantes son el 45%.
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El
crecimiento en el uso del español no ha sido tan acelerado como el de otras
lenguas. En 1999 después del 57% de usuarios del inglés, el 9.2% de los
cibernautas hablaban japonés, el 6.5% alemán, el 4.6% chino y el 4.5%
español. Dos años más tarde tenemos que el japonés sigue siendo el segundo
idioma más empleado en la Internet con 9.8%; en tercer sitio ahora está el
chino con 8.4%; el cuarto lugar el alemán con 6.2% y en quinto el español
(5.4%).
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El
empleo del inglés, a partir de esos porcentajes, disminuyó en un 21% y el
del alemán, 4.6%. Los idiomas cuya presencia aumentó en la red de redes
crecieron de la siguiente manera: chino 82%, español 21% y japonés 6.5%.
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Siendo importante, la tasa de crecimiento del español no se encuentra entre
las más altas. En el mencionado lapso el uso del italiano creció 28%, el
portugués 60% y el coreano 140%
[4]. El desarrollo
en el empleo de un idioma obedece al aumento de los usuarios de
la Internet en los países en donde se habla cada lengua y, también,
de estrategias comerciales y corporativas, de la existencia –o ausencia– de
políticas nacionales y regionales y de los ritmos con los que la cultura de
los países y regiones avanza en la misma red de redes.
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El
español comenzó a crecer en la Internet apenas en 1999. Hacia 1996 apenas el
0.4% de los usuarios de este recurso informático empleaba preferentemente
esa lengua. En 1997 eran el 1.14%. En 1998 el 1.54% y al finalizar 1999
crecieron hasta 5.3%
[5]. En 2000 eran
5.4%, porcentaje que se mantiene a mediados de 2001 aunque se estima que
aumentarán al 5.7% al finalizar el año. Ese porcentaje, se prevé, se
mantendrá en 2002
[6].
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- Dos motores en la diversificación idiomática de la Internet
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Más que un desplazamiento de la lengua inglesa,
estamos presenciando una diversificación idiomática de la Internet paralela
a su extensión en el planeta. Habiendo surgido en Estados Unidos y con un
desarrollo impulsado fundamentalmente por el gobierno y empresas de ese
país, no fue extraño que el inglés se constituyera en la lengua fundamental
de la red. Lo mismo ha sucedido, de manera más amplia, con la globalización
de la economía y, en alguna medida, de las culturas contemporáneas.
Seguramente el inglés seguirá siendo la lengua más empleada en el
ciberespacio pero el avance de otras constituye una de las expresiones más
palmarias de su diversificación y el crecimiento.
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El
uso de otras lenguas está siendo impulsado por dos tendencias
complementarias. Por una parte la muy pausada pero creciente apropiación que
los ciudadanos de cada vez más naciones hacen de la Internet los lleva a
colocar páginas web y además a constituirse en públicos, reales o
potenciales, para los contenidos que ya hay y los que pueden crearse en sus
propios idiomas. Al mismo tiempo la irrupción de esas audiencias propicia
que las instituciones y empresas que quieren ofrecer contenidos en la red y
que durante la primera etapa de la Internet habían considerado suficiente
hacerlo en inglés, ahora encuentren necesario incursionar en otras lenguas.
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No
fue casual, en esa circunstancia, que Nicholas Negroponte, creador del Media
Lab del Tecnológico de Massachussets y uno de los ideólogos más conocidos
del auge de la Internet, haya admitido: “Un día vamos a despertar y decir:
Dios mío, no me di cuenta de que el español era el segundo idioma en la
Internet... después del chino”
[7].
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El interés comercial de grandes corporaciones tiende a ser más
influyente que las políticas nacionales para promover contenidos de carácter
social o cultural. Aunque la gran mayoría de los usuarios de la Internet
asumieron durante varios años la necesidad de navegar por el ciberespacio en
idioma inglés, no necesariamente se resignaron a emplear solo esa lengua ni
modificaron por ello sus predilecciones idiomáticas. Un estudio de la firma
IDC encontró en 2000 que el 72% de los internautas en todo el mundo
preferían emplear el inglés. Sin embargo cuando se examinan por regiones
esos datos ofrecen un panorama más real. En Estados Unidos el 97% prefería
ese idioma pero en Europa Occidental solamente el 48%. En América Latina el
75% prefería navegar en una lengua que no fuese el inglés y en Japón, el 84%
[8].
La misma fuente estimó que para 2003 solamente el 63% de los internautas en
todo el mundo preferirían el inglés.
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El aumento de la capacidad instalada para acceder a la Internet en
los países en donde se hablan lenguas distintas del inglés ha contribuido a
esa multiplicidad idiomática. De acuerdo con el Informe sobre desarrollo
humano 2001 del Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo,
entre 1995 y 2000 el número de anfitriones (hosts) para Internet por
cada mil personas aumentó en Estados Unidos de 31.3 a 232.4. En Islandia ese
crecimiento fue de 31.3 a 232.4 y en Finlandia, de 42.2 a 200.2.
-
En España los anfitriones (es decir, los equipos de cómputo
conectados a la Internet) aumentaron entre 1995 y 2000 de 1.8 a 21 por cada
mil personas. En México de 0.2 a 9.2. En Argentina de 0.2 a 8.7. Uruguay de
0.2 a 19.6. En Chile de 0.7 a 6.2 y en Costa Rica de 0.6 a 4.1. En Panamá de
0.3 a 1.9. En Colombia, de 0.1 a 1.9. En Venezuela, de 0.1 a 1.2. En Perú
los hosts eran en 2000 apenas 0.7 por cada mil habitantes. En
Guatemala y Paraguay 0.5. En Nicaragua 0.4; en Bolivia, Ecuador
y El Salvador, 0.3
[9].
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Como puede apreciarse, la capacidad para tener acceso a la Internet
en países de habla hispana se ha incrementado más que la presencia de
internautas de este idioma dentro del universo de la red de redes. Eso se
debe a que también aumentó, y en algunos casos de manera más intensa, la
disponibilidad de acceso en países en donde se hablan otras lenguas.
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En Japón las computadoras anfitriones de la Internet crecieron, entre
los años mencionados, de 2.3 a 49 por cada mil habitantes; en Francia de 3.1
a 36.4; en Alemania de 6.3 a 41.2; en el Reino Unido de 8.4 a 57.4 y en
Italia de 1.6 a 30.4.
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En 2001 la relación entre anfitriones de Internet y población mundial
es aproximadamente de 18.33 por cada mil habitantes
[10].
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- Más páginas web latinoamericanas
-
Más
capacidad de acceso significa, indirectamente, más páginas en la Internet.
Contabilizar con exactitud el número de páginas y sitios en la red de redes
(cada sitio se compone de una o varias páginas) es imposible en vista de su
expansión constante y exuberante. Un indicador parcial de ese crecimiento se
encuentra en los sitios y páginas que están indexados en los principales
buscadores de la Internet. Sin embargo los motores de búsqueda más
actualizados y de mayores dimensiones apenas son capaces de rastrear en
aproximadamente la quinta parte del conjunto de servidores que ponen
contenidos en línea.
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En
julio de 2001 se estimaba que había cerca de 31 millones 300 mil sitios
web
[11] aunque seguramente en esa cifra se incluyen sitios
duplicados y otros que ya no se encuentran en línea. Una gran cantidad de
esos sitios no están indexados en los buscadores de contenido más
consultados en la red.
-
Una
idea aproximada de la evolución de los sitios que cada país tiene en la
world wide web nos la puede ofrecer la comparación de los inventarios
que de ellos existen en los buscadores de Internet. En mayo de 1998
contabilizamos los sitios de los países de América Latina en los índices de
Yahoo, uno de los servicios de búsqueda más populares. Algo más de
tres años después hicimos lo mismo, en este caso acotando el rastreo a las
páginas en español registradas en ese servicio (modalidad que no existía en
1998). El resultado aparece en el cuadro adjunto. No se trata de todos los
sitios de cada país ni en América Latina sino
-
-
Páginas web
latinoamericanas
-
registradas en los índices Yahoo
-
1998
2001
Incremento %
-
Argentina
1250
20627
1550%
-
Totales
8 244
64 478
682%
-
Fuentes:
-
1998:
Índices
Yahoo en la Internet, consultados
el 30 de mayo de 1998. Tabla publicada en Raúl Trejo Delarbre, “La Internet
en América Latina”, en Néstor García Canclini y Carlos Moneta, coords.,
Las industrias culturales en la integración latinoamericana. Eudeba y
Sela, Buenos Aires, 1999.
-
2001:
http://espanol.dir.yahoo.com/Zonas_geograficas/Paises/
apenas de una
muestra, tamizada por los criterios de selección de la empresa Yahoo.
Sin embargo la comparación entre el número de sitios catalogados en el primer
momento y los que aparecen en el inventario de septiembre de 2001 nos da una
idea significativa de los distintos ritmos de crecimiento que han tenido los
sitios en Internet puestos en línea desde la Latinoamérica de habla hispana.
Los buscadores también pueden ofrecer indicadores de la distribución
idiomática de la Internet a través de la cantidad de solicitudes de información
que reciben el cada lengua. El más avanzado y utilizado de ellos, Google,
puede ser configurado por el usuario para escudriñar solamente en uno de 26
idiomas disponibles. El más utilizado es el inglés pero después de él
aparecen otros casi en el mismo orden que reviste la presencia de las lenguas más
utilizadas en la red de redes según los datos que mencionamos antes, con la
excepción del chino. También en esta opción para acercarnos a su presencia en
la Internet el español ocupa el 5% y, en este caso, es el cuarto idioma más
utilizado.
Intensa expansión
entre hispanos en Estados Unidos
Pero
más que en países en donde el español es la lengua principal, el auge de la
Internet en este idioma ha ocurrido en los Estados Unidos. En esa nación hay más de 22 millones de
hispanos entre los cuales ahora la mitad tiene acceso regular a la Internet. Se
trata del grupo poblacional que, en ese país, más rápidamente ha incursionado
en la red de redes en los años más recientes.
Luego del auge inicial de la Internet que en sus primeros momentos creció
fundamentalmente entre la población blanca, a partir de 1999 la cantidad de
hispanos que navegan, colocan contenidos y consumen gracias a la Internet supera
a los ritmos de desarrollo de otros sectores entre los estadounidenses. El
proyecto Pew Internet and American Life midió la cobertura de la red
entre los hispanos en marzo de 2000 y, de nuevo, en febrero de 2001. En ese
lapso la presencia de Internet en dicho sector creció 25%, lo cual significó 2
millones de nuevos cibernautas.
El uso de la red entre los hispanos es fundamentalmente joven. Se estima
que el 61% de ellos tiene 34 años o menos, en tanto que el 34% se encuentra
entre los 35 y los 54 años. En contraste, solo el 37% de los blancos usuarios
de la red de redes tiene menos de 35 y el 47% se encuentra en el nivel
considerado como de edad madura. Frente al 50% de hispanos que tienen acceso a
este recurso informático se encuentra el 58% de los adultos blancos y el 43% de
los llamados africano-americanos
.
La manera como los hispanos utilizan la Internet tiene singularidades
interesantes. La
Asociación de Agencias
Publicitarias Hispanas en Estados Unidos ha asegurado que le dedican, en
promedio, 5 horas y media a la semana en 6.9 sesiones de 47 minutos cada una. En
tales sesiones invierten el 70% de ese tiempo en navegar y enviar correos electrónicos
en idioma inglés y el resto, en español. Otra investigación encontró que en
julio de 2001 los hispanos, o latinos, pasaban el 39% de su tiempo en Internet
en páginas en español en tanto que siete meses antes dedicaban a la navegación
en ese idioma el 30% de su tiempo en línea
.
Pero el uso preponderante del inglés no se debe en todos los casos a que
esa sea la preferencia idiomática de tales internautas. En la encuesta de las
Agencias Publicitarias Hispanas que se dio a conocer en julio de 2000, cerca del
50% aseguró que no emplea más el español debido a que no hay sitios
suficientes en esa lengua. A quienes respondieron que dedican más de la mitad
de su navegación a la visita de sitios en inglés se les preguntó por qué
prefieren ese idioma al español. El 35% adujo motivos relacionados con el
contenido (“la información que necesito está en inglés” dijo el 17%;
“la información defectuosa abunda más en español que en inglés” expresó
el 13%; “hay más sitios en inglés”, el 5%; “los sitios en inglés son
mejores” otro 5%). El 31% mencionó causas relacionadas con sus hábitos idiomáticos:
el 9% se siente más a gusto navegando en inglés, el 8% entiende mejor esa
lengua y el 8% no sabe leer español
.
Esos internautas tienen razón. Con frecuencia los sitios en inglés
ofrecen contenido más variado y actual que los sitios en español. Cada vez
existen más versiones de portales y sitios web en español que
reproducen contenidos colocados originalmente en inglés
.
Se trata de páginas que buscan satisfacer la propensión idiomática de los
usuarios hispanos en Estados Unidos y de aquellos que se encuentran en América
Latina o en España. Pero a menudo quien puede elegir se inclina por navegar en
inglés para aprovechar las versiones originales.
El ya citado estudio de las
Agencias de
Publicidad Hispanas encontró que los sitios preferidos de los internautas que
navegan por la red en español en Estados Unidos son
Qué pasa reconocido por el 56% y visitado por el 26%, Terra
(con el 39% y 15% respectivamente, La música (29% y 17%) y Lycos en
español (24% y 16%)
.
Aunque todos esos sitios tienen versiones en ambos idiomas, los usuarios que los
mencionaron prefieren visitarlos en español. El sitio de la cadena televisiva
Univisión se ha ufanado de ser el más concurrido, con 800 mil usuarios en
abril de 2001
.
Sin embargo el mercado hispano, igual que casi todos en la Internet hoy en día,
no es suficiente para sostenerlo. En 2001 Univision.com tenía previsto perder
cerca de 33 millones de dólares.
Causas en español y el
español como causa
El español está presente en la Internet como resultado de la necesidad
y la voluntad de expresión de millones de usuarios de este recurso de información
y comunicación. También, las páginas en esta lengua se extienden a partir del
afán de personas e instituciones de toda índole para ofrecer a los internautas
que navegan en castellano contenidos que quizá de otra manera no consultarían
o consumirían. Empresas como la fabricante de computadoras Dell ofrecen páginas
de contenidos específicos para España y América Latina. La célebre Amazon
books ha abierto un espacio destinado a libros en español. Los partidos Demócrata
y Republicano mantienen páginas para los ciudadanos estadounidenses de origen
hispano e incluso La Casa Blanca tiene una sección en este idioma
.
Escasas políticas de Estado
que, además, olvidan al idioma
La Internet es el espacio de propagación e intercambio cultural más
extenso que ha tenido la humanidad. Ninguna biblioteca, ni siquiera todas las
bibliotecas juntas, contienen la cantidad de información que se encuentra en la
red de redes. Por supuesto la calidad de esos contenidos puede ser muy
discutible. Pero tamaño y heterogeneidad de contenidos, junto con la
versatilidad de su acceso, harían necesario que el desarrollo de la Internet en
español fuese una de las preocupaciones cardinales de los programas de cultura
en los países donde se habla este idioma.
Lamentablemente no es así. La mayor parte de los proyectos para impulsar
el acceso a Internet en los países de habla hispana –cuando existen– se
preocupan por el suministro de ordenadores y la instalación de cableado o redes
satelitales pero, casi nunca, por la promoción de contenidos en nuestra lengua.
El muy interesante proyecto educa.ar en Argentina ofrece líneas de acción
de gran interés e incluso, a diferencia de la mayoría de los planes similares
en América Latina, se propone la capacitación de los maestros para emplear las
nuevas tecnologías, pero no dice nada del idioma
.
En Venezuela el Plan Nacional de Telecomunicaciones no repara ese asunto, aunque
se propone “establecer políticas que
generen contenido nacional” y la creación de “100.000 ‘web
sites’ instalados en el país referidos a contenidos nacionales”
.
El proyecto e-México del actual gobierno de esta nación busca extender
significativamente la cobertura de la Internet y la colocación de computadoras
en un número importante de escuelas pero no se ocupa del idioma
.
Algunos
acuerdos bilaterales sí reconocen ese tema. El 10 de noviembre de 1999 el Ministerio
de Comunicaciones de Colombia y el secretario de Comunicaciones del Ministerio
de Fomento de España suscribieron un convenio “para promocionar el uso del
idioma español en la red Internet”. Allí se estableció la creación de un
grupo de trabajo para proponer políticas de regulación comercial y cultural,
normas técnicas y de seguridad, desarrollo del comercio electrónico y de
contenidos en lengua española en la Internet, entre otros propósitos
.
El ministerio español suscribió otro acuerdo el 29 de febrero de 2000 con la
Secretaría de Comunicaciones y Transportes de México
y uno más el 3 de abril de 2000 con el Ministerio de Infraestructura y Vivienda
de Argentina
.
Los tres documentos son casi idénticos.
En términos generales, en la mayoría de los países de habla hispana
los gobiernos y Estados no han diseñado políticas específicas para llevar la
Internet a los sectores de sus sociedades en donde ese recurso ha seguido siendo
poco o nada empleado. Esa es la debilidad principal en el terreno que nos ocupa.
Mientras no existan proyectos ambiciosos y con recursos fiscales suficientes
–es decir, mientras países y gobiernos sigan dejando el crecimiento de la
Internet al garete de los intereses mercantiles– la red de redes crecerá de
acuerdo con criterios que no son necesariamente los de tales sociedades. De la
inexistencia o debilidad de tales proyectos se deriva la ausencia de
preocupaciones culturales y, específicamente, por la creación de contenidos
que no solo sean publicados en español sino, junto con ello, en buen
castellano. La brecha digital se acentúa, entonces, debido a la brecha idiomática.
Traduttore /
traditore
Mientras tanto la necesidad de entenderse en esa nueva e infinita Torre
de Babel que es la Internet ha conducido a la creación de recursos que,
aparentemente, abaten las murallas idiomáticas y eliminan la necesidad de saber
al menos una lengua distinta de la materna para navegar por la red de redes.
La diversificación de traductores automáticos suele ser presentada como
si el ciberespacio y junto con él la humanidad se hubieran librado de las
confusiones e impedimentos que suelen acarrear las diferencias de idioma.
Sin embargo, con toda su utilidad, esos traductores muestran mecánicamente
el equivalente en otra lengua a la o las palabras cuya conversión solicitamos
pero aun no parecen capaces de enfrentar la complejidad y especificidad de cada
idioma. Así ocurre con los modismos
y localismos. El especialista Laurence Danlos considera: “La traducción automática
tropieza con el problema de la comprensión. No se puede traducir si no se
comprende. No sabemos cómo simular la comprensión del lenguaje por
computadora, vale decir, calcular una representación semántica de un texto lo
suficientemente abstracto para poder llevar a cabo un razonamiento"
.
Para documentar estas dificultades hicimos un experimento sencillo,
aunque un poco alevoso. Copiamos las primeras líneas de El Quijote en
varios traductores automáticos disponibles en la Internet y solicitamos su
conversión al inglés. Luego el texto así traducido lo mudamos de nuevo al
español con el mismo recurso. El
resultado fue un tanto lamentable aunque, en descargo de esos dispositivos
cibernéticos, hay que recordar que algunas de las expresiones contenidas en ese
texto son de español poco usual en la actualidad.
El texto original, como sabemos, dice: En un lugar de la Mancha, de
cuyo nombre no quiero acordarme, no ha mucho tiempo que vivía un hidalgo de los
de lanza en astillero, adarga antigua, rocín flaco y galgo corredor.
En el traductor freetranslation.com
obtuvimos el siguiente
resultado: In a place of the Spot, of whose name not I want to agree me, does
not have a great deal of time that a noble one lived of the of spear in
astillero, adarga old, rocín thin and galgo running.
De regreso al castellano, la nueva versión fue:
En un lugar del Lugar, de cuyo denomina no quiero concordarme, no
tengo muchísima vez que un noble uno vivió del de lanza en el astillero,
adarga viejo, rocín afina y correr de galgo.
El mismo texto de Miguel de Cervantes lo llevamos al traductor de
Altavista.com
que ofreció este
resultado: In a place of Mancha,
of whose name I do not want to decide to me, there is not long time that lived
hidalgo on those of lance in shipyard, running old shield, rocín skinny and
galgo.
De vuelta al español, el traductor de Altavista concluyó: En
un lugar de Mancha, que de nombre no deseo decidir a mí, no hay el tiempo largo
que vivió hidalgo en los de la lanza en astillero, viejo blindaje que se
ejecutaba, el rocín flaco y el galgo.
Por último acudimos al sistema Gist de la empresa Alis
Solutions
que tradujo: In a place
of the Spot, of whose(which) name I do not want to remember, it(he,she) has not
a lot of time that was living a nobleman of those of lance in shipyard, adarga
ancient, thin hack and fond of sweets corridor.
Y al castellano:
En un lugar del Punto, de los cuyos (que) llama no quiero recordar, ello
(él, ella) no tiene mucho tiempo que vivía a un noble de los que lanza en el
astillero, adarga el corte antiguo, delgado (fino) y fond de pasillo de
caramelos.
Íconos,
texto, lenguaje e ideas
No es menor la relevancia del idioma en la Internet. Si la lengua forma
parte del perfil de una nación o de cualquier colectividad, tendrá que ser
componente fundamental de la manera como cada nación, comunidad e individuo se
expresen en ese nuevo, ilimitado y paradójico espacio público que es la red de
redes. Hoy en día gracias a la Internet circulan torrentes de información a
las que antaño era más lento o difícil tener acceso. Se trata de contenidos,
como hemos señalado, de toda índole: tan variados como la realidad y la
humanidad mismas.
Pero esa circulación de mensajes e íconos no ocurre sin que el medio, y
especialmente las modalidades como este nuevo medio está siendo empleado, dejen
de imponer sus características a la comunicación que gracias a él es posible.
El uso intensivo de recursos gráficos y la presunción de que en la Internet
igual que en otros medios contemporáneos la gente quiere ver abundantes imágenes
y poco texto están conduciendo a una contracción en el uso de la palabra
escrita.
Las noticias en los sitios web suelen ser más breves, sobre todo
con menos palabras, de lo que son –o eran– en papel y tinta. Las discusiones
sobre cualquier asunto se estilan en frases concisas y contundentes que siempre
que es posible son sustituidas por íconos y contracciones lingüísticas. La
Internet propicia nuevas formas de enunciación, hasta ahora más comprimidas
que en la comunicación escrita en los formatos tradicionales. No es frecuente
–aunque hay excepciones– que la riqueza del lenguaje se despliegue allí con
tanta libertad como la que en la red de redes está encontrando la circulación
de preferencias, ideologías y creencias de toda índole.
Las consecuencias de esta expansión en el intercambio de información
–siempre demarcado por la brecha digital que escinde países y sociedades–
son contradictorias. Millones de
internautas, la mayoría de ellos jóvenes, encuentran en páginas web
contenidos que muy posiblemente de otra manera no leerían. Numerosos ciudadanos
de la Internet lo son del mundo, ahora más que nunca, gracias a este recurso
tecnológico. Decenas de millones se han aficionado al correo electrónico e
intercambian mensajes con una frecuencia que la comunicación epistolar
tradicional parecía haber perdido para siempre. Sin embargo los mails
–como, para desesperación de la ortodoxia idiomática, se les dice en casi
todos los países de habla española– suelen ser tan parcos que fuera de
avisos básicos o emociones primarias es poco lo que comunican.
Tenemos más información que nunca y una capacidad inédita para
propagar participaciones e inquietudes, pero cada vez advertimos con mayor
estupor que más palabras no necesariamente significan mejores ni más claros
contenidos. Comunicación e información son fondo y forma, en la Internet como
a través de cualquier mecanismo.
El medio es el mensaje, dijo con lúcida anticipación el polémico
McLuhan. La palabra es parte sustantiva de aquello que se comunica. El lenguaje
va de la mano con el contenido. El idioma no es un instrumento rígido, ni
inmutable. Resulta inevitable, y deseable, que se enriquezca con expresiones de
otras lenguas. Podemos decir mouse, fax y software sin que
constituya una tragedia siempre y cuando de esa manera expresemos conceptos con
mayor claridad que con otros términos.
Eso no significa que desdeñemos al español, al contrario. Defenderlo en
la Internet, con pasión pero sin dogmatismos, es parte del empeño para
preservar nuestras culturas en su recreación cotidiana. De esa manera
encontraremos en ellas –y en el lenguaje que las expresa y cohesiona– la
mejor vía para participar del globalizado panorama contemporáneo sin dejar de
ser nosotros mismos.
Granja
de la Concepción,
Ciudad
de México,
septiembre
de 2001.
“El lenguaje humano, un hueso duro de roer. Las cuentas pendientes de la
traducción automática”, nota de Clarín de Buenos Aires
reproducida en el servicio Interlink Headline News el 27 de agosto de
2001.
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