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  El sitio de Raúl Trejo Delarbre

 

La persona en la Sociedad de la Información

Texto para Unesco-Madrid abril 2005

El Plan de Acción aprobado en la primera fase de la Cumbre Mundial de la Sociedad de la Información (Ginebra, diciembre de 2003) se refiere fundamentalmente al estímulo a políticas generales para extender y promover el uso de las nuevas tecnologías en este campo. No es un documento específicamente dedicado a los usos peculiares ni a las consecuencias de estas tecnologías en la vida de las personas.

   Pero es evidente que sin aquilatar sus efectos reales en las relaciones, el trabajo, las actividades cotidianas y desde luego en la ampliación de las perspectivas culturales, profesionales y vitales de quienes las utilizan, sería imposible diseñar un plan realmente integral para que la Sociedad de la Información lo sea, también, del Conocimiento y el desarrollo de las personas.

   Esa preocupación ha sido expresada de distintas maneras. Las dificultades para precisar el papel de la persona en la Sociedad de lnformación se puntualiza en interrogantes como las siguientes:

    ¿”Es importante la incorporación de la Sociedad de la Información en los hábitos de las personas para mantener y/o mejorar el nivel de empleabilidad de las personas? La interrelación de la vida personal y familiar con la profesional, ¿son dos caras de la misma moneda? ¿En qué posición queda la persona en la nueva Sociedad Red?¿Qué hábitos de uso de las TIC estamos integrando en nuestras vidas? ¿Qué diferencias hay entre quienes asimilaron las TIC a cierta edad (los inmigrantes digitales) y quienes nacieron con ellas (los naturales)?” [1].

   El Plan de Acción elaborado en Ginebra para ser considerado en la segunda fase de la Cumbre Mundial –que se realizará en Túnez a fines de 2005– no responde a esas preguntas. Pero involucra temas y problemas de cuya solución depende la manera y la intensidad con que los individuos se apropiarán o quedarán al margen de los recursos de información e interconexión previstos para la Sociedad de la Información (SI).

   Debido a su carácter y al formato, ese documento no se detiene a reflexionar en las repercusiones que la SI tiene y alcanzará cada vez más en las personas. Cabe resaltar, solamente, que la SI modifica, en ocasiones radicalmente, el contexto en el cual aprenden, laboran, se relacionan y comunican los individuos. En ese marco las nuevas tecnologías –especialmente la Internet– crean formas inéditas no solo para el trabajo y la educación a distancia. Junto con ello surgen nuevos espacios como el correo electrónico, el chat y los blogs, en donde lo mismo se replican formas de relación convencionales que se establecen nuevos ámbitos tanto para el trato persona a persona como para la socialización entre individuos que comparten intereses comunes.

   Para vivir y sobrevivir en la SI es necesario dominar destrezas específicas. La capacitación no sólo para encontrar información y saber discriminar entre ella sino, también, para colocar contenidos en las redes informáticas, se ha convertido en requisito indispensable en la formación cultural, la competitividad laboral y las opciones sociales de las personas. El Plan de Acción contempla la creación de capacidades para este nuevo entorno, entre otras áreas en el empleo de las TIC para la enseñanza y la formación de profesores. Sería pertinente que se hiciera énfasis en el adiestramiento de quienes ahora desarrollan tareas docentes y no solo en la preparación de aquellos que aspiran a trabajar en ese campo. También sería deseable que se precisaran mecanismos de financiamiento a fin de respaldar la formación para el uso de estas tecnologías y que existieran formas de evaluación de tales actividades.

   El Plan de Acción sugiere impulsar distintos usos de tales tecnologías. Además, sería conveniente reconocer las ventajas específicas que pueden tener de acuerdo con cada circunstancia nacional y regional. Es provechoso que se mencione al teletrabajo para que las personas “vivan en sus sociedades y trabajen en cualquier lugar”. Además se pueden identificar ventajas como el empleo de recursos informáticos para que los ciudadanos que han tenido que emigrar para encontrar empleo puedan enviar remesas a sus países de origen a través de transferencias electrónicas. Reglamentar y transparentar el uso de tales recursos es una necesidad acuciante en varios países de América Latina.

   Junto a los usos que les darán las personas, las nuevas tecnologías de la información implican desafíos en terrenos como la seguridad, la protección de derechos de autor y la privacía. En este aspecto el documento resulta especialmente pobre, sobre todo en comparación con las versiones previas de Plan de Acción que fueron elaboradas antes de la reunión de diciembre de 2003 en Ginebra. No basta con pretender la “sensibilización de los usuarios sobre la privacidad en línea”. Hace falta la promoción de políticas nacionales y compromisos internacionales para reivindicar el inalienable derecho de los individuos a resolver sobre la divulgación de sus datos personales.

   Otro rubro en el que se advierte un retroceso en contraste con las versiones anteriores de Plan de Acción, es el de los medios de comunicación convencionales. En particular se echa de menos la ausencia de alusiones a los medios de comunicación de carácter público –los cuales, en vista de que no tienen la ganancia mercantil como prioridad central, pueden ser más receptivos a necesidades, intereses y búsquedas comunicacionales de los ciudadanos–.  También ha sido deplorable la desaparición del apartado que proponía evitar la concentración en la propiedad de los medios de comunicación.

   El Plan de Acción recupera numerosos objetivos pertinentes. Pero al formularlos de manera general, sin metas específicas, aparecen simplemente como un inventario de buenas intenciones. Sería preciso que objetivos como la conexión de aldeas y creación de puntos de acceso comunitario, la conexión de universidades y escuelas de todos los niveles así como de bibliotecas y centros culturales, oficinas gubernamentales y el acceso de toda la población mundial a la cobertura de la televisión y la radio, entre otros rubros, tuvieran plazos y compromisos claros.

   Lo mismo la Solidaridad Digital, que es una de las iniciativas más relevantes que surgieron de la Cumbre en Ginebra. Hablar de “Agenda” y no de “Fondo” como inicialmente se había previsto, indica una preocupante ausencia de compromisos tanto del sector privado como de los gobiernos de las naciones con más recursos.

   Identificar los efectos que tendrá la SI en las personas obliga a desarrollar, de inmediato, una ambiciosa red de investigación acerca de estos y otros aspectos relacionados con la apropiación social de las nuevas tecnologías de la información. El Plan de Acción se propone “fomentar la investigación sobre la Sociedad de la Información” pero sería conveniente que hiciera más precisiones al respecto. En países como los de Iberoamérica, seguimos sin contar con indicadores homogéneos, registro de experiencias, inventarios de recursos y otros datos necesarios para tomarle el pulso al desarrollo de la SI así como a sus rezagos y dificultades. Temas como el empleo de los idiomas español y portugués, han sido motivo de atención por parte de grupos de expertos y organismos internacionales pero han carecido de la continuidad necesaria para lograr un registro temporalmente ambicioso de estos cambios. La creación de indicadores y puntos de referencia que sugiere el Plan de Acción (en su apartado 28 b) requeriría de evaluaciones y discusiones específicas en países como los de Iberoamérica.

   Iniciativas como la creación de un sitio web para reseñar “prácticas óptimas y proyectos con resultados satisfactorios” son sin duda útiles aunque modestas. Habría que pensar no en uno solamente, sino en una red de sitios con información de esa índole. Y sería necesario recuperar los detalles no sólo de experiencias exitosas sino, también, de aquellas que han encontrado dificultades relevantes. Es pertinente construir una visión que no se estanque en los diagnósticos pesimistas pero que tampoco se limite a una apreciación falsamente optimista de la Sociedad de la Información.

 

Raúl Trejo Delarbre

Instituto de Investigaciones Sociales de la UNAM

México, abril de 2005.

  


 

[1] “La sociedad de la Información en el Siglo XXI: un requisito para el desarrollo. 2ª parte”. Iniciativa del Ministerio de Ciencia y Tecnología para complementar la participación española en la Cumbre Mundial sobre la Sociedad de la Información. Disponible en: http://www.desarrollosi.org/2a_parte.pdf