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  El sitio de Raúl Trejo Delarbre

Chiapas

La comunicación
enmascarada

 

 

Raúl Trejo Delarbre

 
 
 
 
   

Capítulo II- GUERRA EN CHIAPAS, SORPRESA EN LOS MEDIOS

 

Del 1 al 12 de enero de 1994

 

 

 


El año nuevo, recién nacido, apenas balbuceaba cuando, cerca de la una de la mañana del primero de enero, una amiga tocó la puerta de la familia Avendaño en San Cristóbal. "¡Están entrando unos hombres armados por el barrio de San Ramón!", le dijeron a Amado Avendaño Figueroa, director de Tiempo, el único diario de la localidad. Allí comenzó la historia, al menos para los medios de comunicación, en torno al conflicto en Chiapas. Centenares de periodistas de todo el mundo llegarían, algunos con sorprendente rapidez, hasta la apartada San Cristóbal. Las modestas oficinas de Tiempo, un diario cuyo tiraje habitual es de 600 ejemplares, estarían repletas de enviados y corresponsales.

Una vez comprobado el alzamiento del Ejército Zapatista de Liberación Nacional, la primera reacción del periodista y abogado fue informar a quienes encabezan a las dos corporaciones de vieja presencia en el lugar: el ejército y la iglesia. Se comunicó con el general Gastón Menchaca de la 31 zona militar, quien no se mostró sorprendido por la noticia y luego con el obispo Samuel Ruiz, que ya estaba en cónclave con otros sacerdotes dominicos. La coeditora de Tiempo, Concepción Villafuerte, una vez cumplidas las formalidades para verificar la noticia, tuvo un reflejo más periodístico y comenzó a telefonear a las redacciones de la ciudad de México.

El adormecimiento por la nochevieja todavía no se disipaba y no había reporteros de guardia, sobre todo porque en la capital del país los diarios no circulan el primero de enero. Villafuerte envió faxes a donde pudo, dando noticia de la rebelión y transmitiendo el primer Manifiesto del EZLN. (Todos estos datos, de acuerdo con la nota publicada en Proceso núm. 808, del 17 de enero). De esa manera los primeros periodistas en saber del asunto se convertían, sintomáticamente, en oportunos propagandistas de las proclamas del Ejército Zapatista. Aun no amanecía, cuando los editores de Tiempo ya habían transmitido la información que conmocionaría en México y el mundo.


 

 

Primicia disputada, pero sorpresiva al fin

A las 11.30 de la mañana del primero de enero, el servicio Eco, de Televisa, presentaba una llamada telefónica de Juan Sebastián Solís, desde la redacción en la ciudad de México:

"Las presidencias municipales de Ocosingo, San Cristóbal de las Casas y Las Margaritas, en el estado mexicano de Chiapas, fueron tomadas este sábado por grupos de indígenas al parecer agrupados en el llamado Ejército Zapatista de Liberación Nacional. De acuerdo con versiones recibidas en la Dirección de Información de Televisa, desde las 11 de la noche de este 31 de diciembre, grupos de aproximadamente 400 indígenas ataviados con ropa de color militar llegaron a las poblaciones de San Cristóbal, Las Margaritas y Ocosingo. En los tres sitios tomaron con violencia las presidencias municipales. Hubo incendios y quema de archivos en agentas del Ministerio Público así como varias instalaciones de los gobiernos municipales".

El reportero citaba informaciones del director del periódico La Noticia de San Cristóbal, Francisco Flores Estrada, que relataba el contenido de la Declaración de Guerra que, poco antes, el EZLN había difundido por una estación de radio local. Añadía Solís: "Los líderes de este grupo se cubren el rostro con pasamontañas y portan armas de alto poder, así como machetes y palos en su mayoría. Se identifican entre sí con nombres claves del tipo Ovidio, Miriam y Uno. Hacen revisiones a los pocos vehículos que circulan por las calles de San Cristóbal y según versiones de los habitantes de la zona, han sobrevolado ya aeronaves del Ejército Mexicano en San Cristóbal de Las Casas..."

Se ha dicho que la de Televisa-Eco, fue la primera noticia sobre el levantamiento en Chiapas. De ello se ufanaron, con la machacona vanidad con que suelen recordar sus exclusivas, los noticieros de ese consorcio. Sin embargo luego, otra versión sostuvo que la primicia fue de Organización Radio-Centro. La estación de noticias continuas Formato 21, dio la información a las 8.30 de la mañana de aquél día primero, según aseguran conductores de esa empresa. [El 24 de enero Juan María Naveja, en Perfiles de la Noticia, de esa cadena, refutaba a Televisa ("ha dicho una gran mentira") por asegurar que fue en ella en donde se dio la primera información de la crisis armada en Chiapas. "Es una falsedad, lo que pasa es que como es un super aparato de la comunicación, piensan que ellos son los primeros en todo. Sin embargo los primeros que dimos la nota fuímos Organización Radio Centro: Noticentro y Formato 21 para ser exactos, porque éramos los únicos que trabajamos el primero de enero y los 365 días del año, las 24 horas del día... Por eso decir que el país se enteró a las 11 de la mañana de lo que en Chiapas ocurría, es una gran mentira... sólo buscan adornarse o venderse". En lo que no tenía razón el conductor Naveja, es en que su estación de radio es el único medio que transmite todo el día, todos los días, pues otras radiodifusoras y la propia cadena Eco de Televisa, también lo hacen].

En todo caso, la noticia del levantamiento armado en Chiapas no sería patrimonio de nadie. Ese acontecimiento corrió como reguero de asombros a partir de que comenzó a ser presentado en televisión. Y la primera nota en TV, como puede apreciarse en la descripción anterior, era bastante completa aunque fuese elaborada a distancia, sobre la ocupación de San Cristóbal y, hasta donde podía saberse, de otras dos cabeceras municipales. Había imprecisiones en el relato, como cuando no se especifica si hay un grupo de 400 indígenas en cada presidencia municipal tomada o si, entre todos, suman esa cantidad. Tampoco se mencionan las demandas iniciales del EZLN, aunque sí se indica que, en su Declaración inicial, "en contra del Ejército Federal Mexicano, piden un enfrentamiento en la zona serrana de Chiapas". La primera información televisiva sobre el levantamiento, contiene ya la descripción, aunque sea superficial, sobre la doble composición del EZ: líderes embozados tras el pasamontañas y que portan armas de alto poder, junto a indígenas sin máscara y pertrechados sólo con palos y machetes. También se manifiesta allí la actitud retadora, en un desplante de autoconfianza en su propia capacidad militar, que el EZLN sostenía, en el momento de su presentación, delante del Ejército Mexicano. Era, todavía, una guerra de palabras.

Media hora más tarde, Eco --que en México se veía entonces sólo a través de Cablevisión-- ofrece en una llamada telefónica del conductor Amador Narcia, el primer comunicado del gobierno de Chiapas ("Diversos grupos de campesinos chiapanecos que ascienden a un total de cerca de 200 individuos, en su mayoría monolingües..."). Cada hora, en el transcurso del día, se repiten las primeras informaciones.

Por un lado, se encuentran las noticias que Televisa rescata por teléfono desde San Cristóbal y que dan cuenta de un levantamiento armado muy extraño. Las transmisiones que los nuevos zapatistas hacen a través de estaciones de radio de las poblaciones ocupadas, sirven para tener algunas de las primeras referencias de ese grupo.

Por otro, está la version del gobierno chiapaneco, que infructuosamente trata de quitarle gravedad al asunto. Al comenzar la tarde, el conductor Rubén González Luengas sostenía en Radio Mil de la ciudad de México, esta conversación telefónica con la directora de Comunicación Social del gobierno de Chiapas:

"-Licenciada Ruiz Narváez, entonces usted nos dice que se trata de un grupo guerrillero de reciente creación que está declarando la guerra contra el Ejército Mexicano.

-Así es, se trata de un grupo que se llama EZLN, aunque tenemos también nuestras reservas de la identidad del grupo, ya que el acento que se oye a través de la emisora, no es un acento que se pudiera decir local, más bien parece de origen centroamericano...

-¿Podría hablarse del más cercano país que es Guatemala?

-Así es señor...

-¿Pero no hay ningú indicio al respecto?

-No, no podemos hacer una aseveración oficial..."

A las nueve de la noche, por el sistema Eco, se difunde la primera grabación en video de un dirigente del EZLN que, "cubierto con un pasamontañas, dio a conocer las causas que motivaron el levantamiento de este grupo". El dirigente, enmascarado, explica, en una declaración entrecortada: "Nosotros decidimos hacer un movimiento que valga la pena y que se vea la necesidad del pueblo que tiene que tomar otra línea para que... a ver si así se les hace caso". Más adelante se presenta a otra persona, el que luego sería celebérrimo subcomandante Marcos pero a quien en esa primera aparición ante las cámaras se identifica sólo como "otro, que dijo que quiere que el gobierno resuelva sus demandas". Marcos, dice entonces que el EZLN "pide que los poderes de la Unión, o sea la Cámara de Diputados y la Cámara de Senadores, desconozcan al Poder Ejecutivo y al gabinete en pleno, se forme un gobierno de coalición, de transición, y sobre esta base convoque a nuevas elecciones".

Marcos añade que espera que: "sus cámaras lo hayan tomado, la población mayoritariamente indígena que compone este movimiento y si pudieran, pero no creo que los deje el Ejército, estar ahorita en la cabecera de Ocosingo donde tomamos la emisora XEOCH y en el municipio de Altamirano y en el municipio de Las Margaritas verían lo mismo: si aquí hay tzotziles, allá van a ver tzetzales, en otro lado tojolabales, en otro choles, zoques, es un movimiento muy amplio que se estuvo probando y estuvo tocando puertas hasta que no tuvo más que esta alternativa". Desde los primeros momentos, el dirigente del EZLN insitía en la composición fundamentalmente indígena de su grupo. También mostraba una insistente inclinación por comparecer ante los periodistas. Esas escenas, son transmitidas una y otra vez en los segmentos de Televisa-Eco.

El mismo día del levantamiento, aunque no todos los medios lo registraron así, quedaban establecidas las coordenadas del conflicto. El EZLN se reivindicaba como un movimiento pluriétnico pero de dirección no solamente indígena, que proponía un cambio de gobierno a nivel nacional y un enfrentamiento directo con el Ejército Mexicano. Habían tenido que llegar a ese extremo, decían, después de buscar otras opciones (que no mencionaban) para su lucha política. Desde entonces también, aunque tampoco se le identificaba, podía apreciarse el protagonismo de quien más tarde sería conocido como Marcos y que era el vocero visible, desde el primer día en San Cristóbal, del sorprendente EZLN. La imagen de los enmascarados con sus pasamontañas, se volvería familiar en los medios de comunicación mexicanos, junto con las expresiones de adhesión o temor, según fuese el caso, de los campesinos indígenas. Esa misma noche, a las 10, también dentro del servicio Eco, una conductora presentaba a "un indígena (que) habló de los objetivos de la lucha en la que está participando". Acto seguido, se veía a un miembro del EZLN ante periodistas: "Hoy se inició la guerra, la revolución, aquí en la ciudad de San Cristóbal de Las Casas, Chiapas".

Comenzaba, así, la guerra en los medios.



 

 

Después del primer día. Confusión y desinformación

La televisión, aunque como señalamos hay otras versiones, ha dicho que fue la primera en propagar el levantamiento neozapatista. El personaje Marcos, cuyo rango dentro del EZLN todavía no se identificaba, seguía ofreciendo declaraciones a diestra y siniestra, lo mismo a turistas acorralados tras la ocupación de San Cristóbal, que a los primeros corresponsales que llegaban a esa localidad entre el sábado primero y el domingo 2 de enero. La radio de la ciudad de México, empezó a repetir la noticia, muy escuetamente, en sus noticieros del primer día del año, aunque todos los medios tenían audiencias escasas.

Los diarios del DF perdieron la nota porque, como ya se apuntó, no circulaban el primero de enero. El único de ellos que sí apareció, Reforma, fue impreso la noche del 31 de diciembre, cuando aún no se propalaba el levantamiento. Varios matutinos de la capital, todavía el domingo 2 no consideraban al levantamiento en Chiapas suficientemente interesante para ser noticia principal. El Financiero y El Universal, privilegiaron otros asuntos. El primero de ellos, cabeceaba "Condicionan acceso de la banca extranjera" y sólo en una nota de importancia secundaria, aunque en primera plana, se podía leer "Indígenas armados toman cinco poblaciones en Chiapas". El Universal, dedicaba sus ocho columnas a una curiosa profecía de la jearquía de la iglesia católica: "Será 94 un año difícil en lo político y lo económico" y, pese al lugar común allí recogido, de acuerdo con una declaración del arzobispo Ernesto Corripio, pareciera referirse, indirectamente, a los acontecimientos del sureste mexicano. En su cintillo de portada, este diario informa: "Ocupan grupos indígenas armados ocho poblaciones en Chiapas". Una fotografía muestra a miembros del EZLN en San Cristóbal.

El Nacional, en su primera plana, muestra una fotografía del Papa Juan Pablo II, referida a otro asunto, abajo de la cabeza principal, que dice: "Rechazan sociedad, iglesia y gobierno uso de violencia"; además, informa de las primeras reacciones sobre la insurrección. Otras cabezas, son similares, aunque con algunas diferencias entre ellas. Excélsior: "Toma el EZLN 4 poblados en Chiapas; cordura, pide la SG". Ovaciones, en la portada de su sección azul rompía la costumbre de ocuparse de temas deportivos para decir: "Rebelión armada en Chiapas" y, en un balazo, "Cuatro municipios ocupados". unomásuno, por su parte, informaba: "Violenta toma de 5 alcaldías por un grupo armado en Chiapas; 11 muertos". La Jornada: Sublevación en Chiapas", debajo de un balazo que rezaba: "Cuatro municipios ocupados".

Con mayor o menor detalle (desde ese día La Jornada se distingue por transcribir completos los documentos del Ejército Zapatista) se dan a conocer las demandas de la "Declaración de la Selva Lacandona" en donde se declara la guerra al Ejército Mexicano, se solicita "a los otros poderes de la Unión (que) se aboquen a restaurar la legalidad y la estabilidad de la nación" y se llama a deponer al Presidente de la República. El EZLN, presentándose como un ejército suficientemente consolidado para ofrecer un desafío ambicioso pero también buscando, desde entonces, efectos públicos de gran intensidad, asegura que avanzará hasta la ciudad de México y manifiesta que su lucha es por "trabajo, tierra, techo, alimentación, salud, educación, independencia, libertad, democracia, justicia y paz".

A unas horas de que el EZLN había declarado la guerra al gobierno, el panorama no era muy claro. La madrugada del día primero, ese grupo armado había ocupado cuatro municipios --San Cristóbal de las Casas, Ocosingo, Altamirano y Las Margaritas-- que pocas horas después fueron cercados por el Ejército Mexicano. Las dimensiones del levantamiento, se difuminaban entre la sorpresa y la confusión iniciales. Así, para Excélsior, El Nacional y Ovaciones, como hemos visto en algunos de sus encabezados, los municipios ocupados por el EZ eran cuatro. Para El Financiero y unomásuno, cinco. El Universal decía que se trataba de ocho. Más tarde, el subcomandante Marcos aseguró, en una carta al periódico El Sur de Oaxaca, que las cabeceras municipales tomadas por el EZLN fueron siete. La variedad de versiones, en torno a datos difíciles de confirmar pero a propósito de los cuales se levantan reiteradas confusiones y contradicciones, es desde entonces una de las constantes en la información que llega desde Chiapas.

De acuerdo con un comunicado del gobierno chiapaneco, los alzados eran "cerca de 200 individuos, en su mayoría monolingües" --luego se daría abundante publicidad al contraste entre los indígenas y sus dirigentes a los que, identificados con Marcos, se atribuyen capacidades plurilingüísticas poco frecuentes--. A través de los medios locales, el gobierno del estado exhorta a los insurrectos para que dejen las armas y "vuelvan al cauce legal y participen en la construcción de soluciones para sus demandas".

Desde el primer día que se ocupan del levantamiento, los diarios de la ciudad de México ofrecen datos distintos de la versión oficial. En contraste con los 200 que dice la oficina de prensa del gobierno de Chiapas, El Financiero se refiere a "centenares de indígenas armados" sin mencionar ninguna fuente; El Heraldo de México también dice que se trata de "centenares de campesinos fuertemente armados"; Ovaciones anuncia que se trata de "800 campesinos armados, en su mayoría monolingües vestidos con pantalones verdes, camisas color plomo y pasamontañas". Excélsior publica que los miembros activos del EZLN serían mil 500. La nota de El Universal, más amplia en este aspecto aunque también imprecisa, apunta: "se estima que existen al menos 1,000 personas involucradas en las filas 'insurgentes', aunque algunos calculan que el número de rebeldes podría superar a los 3,000 o 4,000". unomásuno dice que, según testigos, son cerca de 2 mil indígenas. El Nacional, se queda con la versión de los 200. Todavía tres meses después del levantamiento, el número de efectivos del EZLN sigue en la oscuridad, en congruencia con el carácter clandestino de las actividades de ese grupo.

Por lo demás, es infrecuente que algún ejército, de cualquier tipo, en el mundo, de a conocer cifras sobre cuánta gente lo integra, de la misma forma que es de esperarse que no muestre a todos sus efectivos en la primera oportunidad. Pero es significativo constatar cómo, desde el primer momento, hay versiones de lo más distintas sobre el tamaño de la crisis de Chiapas, empezando por el tamaño del EZLN.

En algunos casos, la versión del gobierno local trataba de minimizar el asunto. En otros, había una tentación pocas veces eludida para sobreestimar los alcances del conflicto a tal grado que, como se verá más adelante, los enfrentamientos armados adquieren en varios medios dimensiones mucho mayores a las que en realidad tuvieron. También, desde entonces, hay una danza, entre macabra y diversa, de cifras sobre las víctimas del levantamiento. El Universal recoge, en su edición de ese domingo, las versiones del gobierno local sobre la muerte de seis agentes de seguridad, aunque dice, sin especificar el origen de la versión, que "se habla de mayores víctimas". El Nacional publica que según la agencia EFE hay 11 muertos. La Jornada precisa que hay dos policías muertos en Ocosigno y tres de Las Margaritas.


 

 

La noticia en el mundo. El rojo es un color llamativo

Las agencias de prensa, como era natural, hicieron repicar los teletipos desde la mañana del día primero. Su información fue inicialmente cautelosa, en vista de la extravagancia que parecía revestir la noticia del levantamiento pero también, debido a la prácticamente nula información entonces disponible sobre el EZLN. San Cristóbal de las Casas está lejos de la ciudad de México, que es en donde se encuentran las corresponsalías de las agencias y otros medios de información internacionales. Las principales fuentes de todas las agencias extranjeras, el primer día, son Televisa y Radio Red. Luego se referirán a los diarios matutinos del día 2, aunque sin precisar de cuáles se trata.

Más tarde, conforme logran trasladar a sus corresponsales, agencias como Associated Press (AP), Reuters, France Press (AFP), United Press International (UPI) y, en menor medida, la alemana DPA, la china Xinhua e International Press Service, IPS, se valen de sus propios ojos y oídos para recoger testimonios de gente de San Cristóbal. Sin embargo, conforme el conflicto se diversifica y crece, las alusiones a sus fuentes son equívocas por parte de las agencias --que, a su vez, serán entonces fuentes para muchos de los medios mexicanos--. Aluden a "versiones no confirmadas", "trascendidos" y "testigos", si bien algunas reconocen el carácter confuso y prvisional de los datos así recogidos.

Las primeras informaciones y todavía hasta el tercer día del conflicto, son poco editorializadas, limitándose a transmitir hechos. Poco a poco, cuando ofrecen más contexto y sobre todo al arriesgarse a transmitir "color" sobre lo que sucede en Chiapas, la prensa extranjera en muchos casos se orienta hacia las visiones folclóricas, o en otras ocasiones poco rigurosas en términos informativos. En los medios internacionales había abundante información sobre el inicio del conflicto, pero mucho menos, más adelante, acerca de las negociaciones para la paz. El rojo es un color, periodísticamente, más llamativo que el blanco.




 

 

Editoriales: primero, condenas a la violencia

Sólo tres diarios de la ciudad de México ofrecen definiciones editoriales el primer día que informan del levantamiento. El Nacional, el diario del gobierno federal, hace "un llamado a la cordura" y considera que "la violencia no es el camino adecuado para superar carencias ni para resolver conflictos"; también sugiere que habrá una "pronta y prudente respuesta del gobierno de la República para contribuir a la rápida normalización de la situación".

La Jornada, comparte en esa primera posición editorial, que al comienzo parecía unánime en la prensa mexicana: "No a los violentos", proclama el mensaje de esa casa periodística, en un notorio sitio de su primera plana. Allí se reconoce que "La situación es condenable, entendible y delicadísima, todo al mismo tiempo, y para explicarla es preciso deslindar cuidadosamente los acontecimientos". Continúa: "Cualquier violencia contra el estado de derecho, venga de donde viniere, tiene que ser en principio algo para condenar. Pero si quienes encabezan el alzamiento chiapaneco se proponen, entre diversos objetivos, la remoción del Presidente de la República, vencer al Ejército mexicano y avanzar triunfalmente hacia esta capital, ya no se sabe dónde empieza el mito milenarista, dónde el delirio y dónde la provocación política calculada y deliberada. Sin que conozcamos todavía quiénes componen la avanzada ideológica y militar del grupo, es evidente que sus miembros se han incrustado en las comunidades indígenas y enarbolan un lenguaje no sólo condenable por encarnar sin matices la violencia, sino porque sus propósitos son irracionales. Y la irracionalidad le hace enorme daño a las colectividades, a las naciones y a los pueblos".

El editorial de La Jornada, ese 2 de enero, admitía que en Chiapas ha existido un contexto propicio para el estallamiento social. "El aspecto delicadísimo del asunto reside en que las autoridades deben medir con extremo cuidado los pasos a dar. Por ejemplo, hay que deslindar entre los aventureros y profesionales de la muerte, hay que separarlos a ellos muy bien de las comunidades indígenas empobrecidas y desesperadas. Estas, ahora menos que nunca, pueden ser objeto de la represión indiscriminada, sino de políticas efectivas efectivas que resuelvan un rezago social que lleva siglos..."

Es notable cómo, de la caracterización de violentos, milenaristas, delirantes, condenables en su lenguaje, irracionales en sus propósitos, dañinos a las colectividades e incluso potencialmente provocadores, calificativos todos ellos articulados en una concepción de repudio a la violencia en su primera posición editorial sobre este asunto, La Jornada irá transitando con gran rapidez hacia otra actitud, que llega a ser de abierta simpatía al EZLN, sus integrantes y dirigentes. Más tarde, en un comunicado en donde explica su política de prensa, el subcomandante Marcos encuentra que, La Jornada, experimentó un "paulatino paso de la condena lapidaria contra el EZLN (remember el editorial del 2 de enero de 1994) al análisis crítico de lo que ocurría" (documento aparecido en La Jornada del 14 de febrero e incluído como Anexo en este libro). Y luego, entrevistado por ese mismo diario, el personaje Marcos reconocería que "se enojó por el editorial de Payán del 2 de febrero" (La Jornada, martes 8 de febrero). Carlos Payán Velver es el director de La Jornada.

Pero todavía en el inicio de la crisis, el reflejo inmediato fue la condena a las armas. Ovaciones, el diario de la empresa Televisa, también expresa desacuerdos con el uso de "la violencia como camino para solucionar nuestros problemas" y, significativamente, se refiere a la necesidad de "aclarar el protagonismo de la jerarquía católica en el inicio del conflicto".

Los funcionarios de la iglesia católica, adquirieron una presencia notoria desde el momento inicial del conflicto. Felipe Aguirre, obispo en Tuxtla Gutiérrez y presidente de la Comisión Episcopal para los Indígenas, dijo desde el día primero que "la iglesia no puede ser promotora de actos que llevan a la violencia, a la destrucción y al enfrentamiento" y desautorizó a personas del clero que pudieran estar involucradas en los hechos de Chiapas. Casi al mismo tiempo Samuel Ruiz, obispo en San Cristóbal y desde entonces protagonista central en esta crisis, ofrecía la mediación eclesiástica. Los dos prelados mencionados, junto con el obispo de Tapachula, propusieron un plan de tres puntos: cese al fuego y respeto a la vida, liberación de los secuestrados y deposición de las armas, respeto a la legalidad y a los derechos humenos y, por último, diálogo para la atención de los problemas sociales. Todos los diarios consignaron la petición de, según se dijo, diversos sectores de la sociedad chiapaneca para que la iglesia intercediera a fin de buscar una solución pacífica.

Para entonces el gobierno federal, a través del subsecretario de Gobernación Ricardo García Villalobos, había dicho en la ciudad de México que no era posible justificar que las demandas sociales se esgrimieran como pretexto para "violentar el orden jurídico, confrontar a la autoridad, violar derechos humanos y privar de la vida a ciudadanos chiapanecos", al tiempo que convocaba al grupo armado para cambiar de actitud y establecer negociaciones. Por su lado, los partidos y candidatos presidenciales comienzan a reaccionar, ciertamente muy pronto aunque con definiciones que no en todos los casos sostendrían. Desde la noche del primero de enero, en declaraciones que los diarios del domingo 2 recogen con amplitud, Cuauhtémoc Cárdenas, candidato presidencial del Partido de la Revolución Democrática, PRD, considera que: "No es recurriendo a las armas como pueden resolverse los grandes problemas del pueblo". Diego Fernández de Cevallos, candidato del Partido Acción Nacional, PAN, llama a una solución rápida que evite la pérdida de vidas. Rafael Aguilar Talamantes, del Partido del Frente Cardenista de Reconstrucción Nacional, PFCRN, se propone como mediador en el conflicto. Otros candidatos y partidos rechazan la violencia como recurso político.


 

 

Domingo dos de enero. ¿De qué tamaño es el conflicto?

El domingo dos de enero, el EZLN abandona San Cristóbal, población que más tarde es ocupada por el Ejército Mexicano. El hecho es anunciado por el conductor Jorge Berry en su programa Este Domingo, del Canal 2 de Televisa, apenas a las 10 de la mañana ("a eso de las 5 de la mañana abandonaron los subversivos San Cristóbal de las Casas"). Sin embargo la crisis chiapaneca apenas comenzaba.

En Ocosingo, ese día 2, el grupo rebelde mantiene el combate con las fuerzas armadas. En Altamirano, destruye la Presidencia Municipal y en Guadalupe Tepeyac, secuestra a Absalón Castellanos Domínguez, (quien gobernó Chiapas entre 1982 y 1988) para, asegura, seguirle juicio sumario y fusilarlo. Además, el EZ abandona las cabeceras municipales de Oxchuc, Las Margaritas y Abasolo y se repliega en la zona boscosa, vuela los puentes La Florida en la carretera a Palenque y el de La Virgen, camino a San Cristóbal y en su huída de esta última población, libera a presos del Centro de Readaptación Social a quienes entrega armas e invita a unírsele. Hay testigos que aseguran que durante el tiroteo a la zona militar, el EZLN atacó una ambulancia de la Cruz Roja. Sobre este hecho, curiosamente, no se insistió más aunque, al contrario, a los acontecimientos en los que aparentemente había responsabilidad del Ejército Mexicano se hizo notoria insistencia en los medios de comunicación.

No para todo había testigos y, en el atropellamiento informativo que comienzan a padecer casi todos los medios electrónicos, aparecen versiones confusas, o no ciertas. El 2 de enero en Formato 21, de Organización Radio Centro, se decía: "En Ocosingo, autoridades municipales indicaron que los guerrilleros se retiraron en la mañana del domingo, tras matar a cuatro policías, entre ellos al comandante judicial José Luis Morales y a los miembros de la familia Solórzano y a saquear varias tiendas". Sin embargo más adelante, en un flash informativo, se dio a conocer que la muerte de la familia Solórzano "ha sido desmentida telefónicamente por el señor Arnulfo Urrutia, cuñado de Solórzano, quien habló a Formato 21 para decir que está vivo pero detenido en dicho municipio". La velocidad para transmitir informaciones, pero sobre todo la falta de meticulosidad para verificar sus datos, se les van imponiendo a diversos medios electrónicos que, así, acaban por ser víctimas de su propia compulsión informativa. Y con ellos, son víctimas de desinformación sus auditorios.

Tantos acontecimientos, que eran apenas los destellos desordenados de un conflicto de gran complejidad, en su sola enumeración daban la sensación de gravedad. No era para menos. Aparte de inédito, el conflicto en Chiapas tenía dimensiones desconocidas en aquellas primeras horas de enero. Los medios electrónicos tienen dificultad para poner orden en su información. Más bien, el relato atropellado de los hechos, una nota después de otra, como en un rompecabezas cuyas piezas no acaban de ser colocadas en el sitio preciso, e incluso de tamaño que no se alcanza a advertir, es el método con el que los mexicanos vamos conociendo incidentes de esta guerra.

La radio sería, después de la sorpresa inicial, el medio más oportuno, pero también en virtud de la cantidad de notas, el que más suscita esa sensación de atropellamiento. Radio Red, una de las empresas de información que se han distinguido por su afán de escrupulosidad, presentaba así un panorama de lo que acontecía, el domingo 2 de enero:

"Las fuerzas del Ejército Zapatista de Liberación Nacional derribaron un puente internacional de la carretera en el tramo Ocosingo... el jefe del Cuerpo de Bomberos refirió que les cortaron las líneas telefónicas y que amenazan con incendiar las instalaciones de la emisora XEOCH, del gobierno del estado y que fue tomada el día de ayer en Ocosingo... Hay una especie de sicosis en la población, pues hace unos 40 minutos se aparecieron grupos armados y tuvieron un enfrentamiento... En San Cristóbal de las Casas se ha cortado el suministro de gasolina en las tres gasolinerías de la ciudad..."

Esa "especie de sicosis" llega a contagiarse a los informadores que, en todos los tramos del conflicto, no son ajenos al temor ni a los rumores. La misma transmisión de testimonios, que era virtualmente instantánea, no siempre resultaba jerarquizada ni puesta en contexto, de tal manera que el auditorio tenía retazos que inducían a una gran alarma. La misma emisora, en su espacio Red-Acción dominical, presentaba esta queja desgarradora pero que no se sabía si era expresión generalizada de lo que estaba ocurriendo en Chiapas: "...Yo fui con mi hermano en la ambulancia de la Cruz Roja. No hacia Rancho Nuevo sino hacia el otro lado y de pronto escuchamos disparos. Mi hermano tiene la bala adentro y debajo de un ocotal vimos que hay cuerpos heridos, con sangre. Nadie nos avisó que no podíamos ir hacia allá. No hay quien informe..."

Y no había quien informara con precisión, enmedio del tumulto de notas dispersas. Al día siguiente, 3 de enero, el enviado de Radio Red, Víctor Manuel Suberza, desmintía "categóricamente" que se libraran combates a 6 kilómetros de la capital chiapaneca. Sin embargo, ese mismo día, su compañero Enrique Muñoz advertía, en un tono y con datos que indudablemente causaban inquietud (a la postre, según se sabría, gratuita): "Pues ya van avanzando. Ahora están en Chiapa de Corzo. A 10 minutos. A unos cuantos kilómetros de la capital... Ya hay información de que han asaltado, de que han arrasado con los alimentos de algunas negociaciones y establecimientos." Más adelante se supo que el origen de todos estos temores era un asalto que había tenido lugar en un centro comercial en la mencionada Chiapa de Corzo, lo cual naturalmente "obviamente acrecentó el miedo de la población", como decía el mismo reportero. Unos tras otras, desmentidos e informaciones se suceden en estos primeros días del conflicto, especialmente en la radio. Pero no siempre se aclara cuándo una noticia rectifica a otra que ha sido propagada con anterioridad.

Con razón, en una declaración que puede ser tomada como autocrítica, en uno de los primeros días del conflicto el director de Radio Red, José Gutiérrez Vivó, decía ante sus micrófonos: "De por sí que la materia informativa es bastante complicada, y cuando de pronto surgen este tipo de circunstancias como el levantamiento, la presencia del Ejército Zapatista, se nos plantea una situación difícil. Por supuesto, que en la información. En cuanto al origen del problema y en cuanto a la forma en que se esta conteniendo o resolviendo el problema, ambas son informaciones casi confidenciales. Entonces, lógicamente la opinión pública demanda y requiere de la mayor veracidad, y nosotros nos encontramos en un dilema entre estar tratando de buscar información en un escenario muy difícil y, por otra parte, donde los operativos, por razones lógicas, no pueden estarse divulgando. Por tanto, tenemos que recibir información y evaluarla para emitir la verdadera".

Esa labor de evaluación, que siempre es indispensable en los medios, resultaba más difícil, pero al mismo tiempo más necesaria, ante el conflicto chiapaneco. Entre dar a conocer una exclusiva sin confirmación, o transmitir tarde una noticia verificada, podía pasar tiempo que en los medios electrónicos (y, en general, en todos) es muy valioso. Los públicos aprecian la oportunidad y ese es uno de los valores que buscan en la televisión y sobre todo en la radio. Pero estos medios, para que el auditorio entendiera su cautela e incluso sus tropiezos --para curarse en salud incluso-- tenían que explicar las dificultades que enfrentaban en la búsqueda de información. No todos lo hacían. Otros, se conformaban con las noticias oficiales: allí no se equivocaban porque en todo caso la responsabilidad era de sus fuentes, pero corrían el riesgo de ofrecer un panorama que, de tan unilateral, resultase anodino.

La noche, todavía del domingo 2, a las 10, Jacobo Zabludovsky presenta en Televisa un programa especial en donde lee en extenso dos comunicados de la Secretaría de la Defensa Nacional. Allí se destaca que desde el inicio de hostilidades por parte del EZLN el personal militar recibió órdenes de permanecer dentro de las instalaciones de la VII Zona, "esperando un posible diálogo a cargo del gobierno estatal, que permitiera que los integrantes de los grupos agresores armados retornaran a la legalidad". No obstante, se dijo, el mismo día 2 por la mañana el campo de la XXXI zona militar fue atacado y, tal agresión, "rechazada con éxito". La guerra había comenzado.

El gobierno de Chiapas, a través del presidente municipal de San Cristóbal, declaraba ese domingo que la seriedad de la situación "no permite morbosidad, rumores y actos de imprudencia" y exhortaba a los ciudadanos para que enviaran telegramas al presidente Salinas, agradeciéndole la prersencia del Ejército Mexicano. Carlos Rojas Gutiérrez, titular de la Secretaría de Desarrollo Social, proponía la mediación de la iglesia católica. Gerónimo Prigione, embajador del Vaticano, conminaba al EZLN a deponer las armas e "iniciar un diálogo de altura" con el gobierno y decía ignorar si en las filas de ese grupo hay ministros católicos o de otras religiones. El obispo Samuel Ruiz y sus dos colegas chiapanecos, reiteraban su disposición para mediar. Desde el campo de los partidos el dirigente del PFCRN, Rafael Aguilar Talamantes insistía en ser intermediario él mismo y advertía que cualquier participación de la iglesia, incluso como medidadora, sería anticonstitucional. No le hicieron caso.

Luis Donaldo Colosio, candidato presidencial del Partido Revolucionario Institucional, PRI, consideraba también el 2 de enero que los rezagos históricos y las carencias de Chiapas, "no son razones válidas para optar por la violencia... Ningún motivo justifica poner en riesgo la vida o amenazar la convivencia". A su vez Diego Fernández de Cevallos, del PAN, sostenía que "detrás de estos movimientos armados están grupos de delincuentes internacionales". Pablo Emilio Madero, candidato de la Unión Nacional Opositora, UNO, dijo que el país necesita una revolución, pero no violenta sino con la credencial de elector", en una declaración que repetiría una vez y otra también, entonces ya con poca originalidad, en el transcurso de las siguuientes semanas. Desde el terreno de las organizaciones sociales, el Consejo Agrario Permanente sostuvo que era necesario establecer comunicación con el EZ para llegar a un arreglo. Por su parte Hugo Andrés Araujo, dirigente de la Confederación Nacional Campesina, CNC, pensaba que las acciones del EZ "son muy localistas, no deben ser exageradas" y menos aún aprovecharse para caracterizar las condiciones del campo, o alterar la presencia internacional del país.


 

Enfoques y errores. La guerra rebasa a los medios

Todos estos episodios comienzan a conformar un panorama de múltiples temas informativos, al cual los medios responderán, ahora sí, con inflexiones diversas. La privación de la libertad del ex gobernador Castellanos, encuentra sitios en casi todas las primeras planas de los diarios del DF y todos, excepto Ovaciones y La Jornada, emplean el término "secuestro". unomásuno señala que Castellanos fue mandatario chiapaneco entre 1972 y 78 cuando, en realidad, lo fue de 1982 a 1988. Reforma, en su edición del jueves 17 de febrero, dirá que Castellanos fue gobernador entre 1986 y 1992.

En torno al secuestro de ese personaje, en la prensa y otros medios aparecen opiniones diversas, casi todas de preocupación aunque también se manifiestan justificaciones, aludiendo al desempeño de Castellanos cuando fue gobernador de Chiapas. Pero casi nunca, el tratamiento informativo se confunde con el editorial. Es decir, a pesar de la poca simpatía que Castellanos despierta en los reporteros, éstos no suelen traslucir sus animadversiones cuando dan cuenta del secuestro.

Una excepción, se pudo escuchar en el despacho Armando Contreras, enviado de Para Empezar, de Stereorey quien, apenas el 3 de enero por la tarde, quiso relacionar la nula estima que le merecía el gobernador con un intento para justificar la rebelión chiapaneca. Primero, en su relato telefónico transmitido al aire, el reportero Contreras citaba, sin decir sus nombres, a "agrupaciones agrarias, civiles, religiosas, de intelectuales, obreras, de derechos humanos (que) clamaron por una actitud de mesura del gobierno federal en el caso de la violencia de Chiapas". Luego de decir que esas agrupaciones, a las que nunca menciona específicamente, habían repudiado "lo que consideraron tergiversación y manoseo informativo de Televisa en el asunto" decía que además, "aseguraron que debe criticarse la postura del EZLN, pero no en forma unilateral, porque los conatos violentos son sólo el resultado del abandono, la represión, el saqueo y las matanzas de que han sido víctimas los indígenas chiapanecos".

Al parecer, Contreras compartía esa justificación de la violencia en Chiapas e incluso le añadía su experiencia personal porque, aunque no tuviera relación directa con aquellas consideraciones de carácter general, a continuación dijo: "Recuerdo que hace algunos años le pregunté al entonces gobernador Castellanos (el que ahora está secuestrado) que cuál era su opinión acerca de las versiones que decían que él era precisamente uno de los principales represores de los indígenas. El, con un aliento alcohólico, decía: 'contra mis hermanos chiapanecos nunca atentaré'. Vale decir que esta frase la tuve que descifrar durante minutos, porque estaba tan borracho que no hablaba precisamente claro. Ahora se sabe que sus hermanos chiapanecos lo han puesto a buen resguardo. Y es que esos hermanos, en lugar de diálogo y apoyo, sólo encontraron bayonetas".

El que ofrecía el reportero Armando Contreras, es uno de los mejores ejemplos de manejo informativo en donde no sólo estuvo ausente la ética, sino el respeto a un ser humano (que se encontraba secuestrado y no podía replicar) respecto del cual estaba contribuyendo a crear una imagen desfavorable, que podía empeorar su situación. No sería este el único caso de manejos noticiosos en donde, para aprovechar una circunstancia llamativa, más de un reportero mezclaba su juicio con la información, en demérito de la fama pública de terceros.

Todavía el 3 de enero la respuesta del gobierno, ya sea política o militar, recibe la atención principal de varios diarios. En su encabezado principal, El Nacional es el único diario de la ciudad de México que destaca como nota principal el ánimo del gobierno para que la interlocución sustituya a las balas: "Diálogo político para cesar violencia". Excélsior consigna: "Asume el Ejército el control de San Cristóbal de las Casas". El Universal destaca en su primera plana que hay "cruentos combates" y la cabeza principal de La Jornada reseña: "Chocan alzados y militares". De manera similar, El Financiero publica: "Choques armados en Chiapas". "Combates en Chiapas", es la cabeza de unomásuno. Más preciso, Ovaciones anuncia en la portada de su edición azul, haciendo otra excepción a la índole deportiva de ese espacio, "Dos ataques al Ejército" y, en su edición de información general, que iba encartada dentro del diario deportivo (hasta que esa sección desapareció, pocas semanas después) le daba continuidad a la primera información: "Repele el ejército a rebeldes".

En el interior del país, la prensa se hace eco de la conmoción chiapaneca. El 3 de enero, el encabezado principal de El Norte, de Monterrey, Nuevo León, en su acostumbrado estilo telegráfico, sintetiza "Guerrilla ataca Chiapas". (Este diario, debido al descanso obligatorio del primero de enero, no se publicó el 2). Luego, en un recuadro sintetiza la Declaración de la Selva Lacandona y en otro, da cuenta del secuestro de Castellanos. En su segunda página, el periódico regiomontano publica un recuento del desarrollo de diversas guerrillas mexicanas, desde el levantamiento del Cuartel Madera, en la Chihuahua de mediados de los años sesenta. Según El Norte, las alcaldías ocupadas eran nueve.

El Imparcial, de Hermosillo, Sonora, como otros diarios importantes del interior del país, tampoco apareció el 2, de tal suerte que hasta el lunes 3 cabecea de la siguiente manera: "Ataque rebelde en Chiapas" y dice que los municipios tomados son cuatro. Para el jalisciense Siglo 21, en su edición del día 3, apoyado en informaciones de agencias de prensa, las alcaldías tomadas son nueve.

El hecho de que el Ejército no haya intervenido en San Cristóbal hasta la retirada del EZLN debido a que, como indicaría la Secretaría de Gobernación, el gobierno privilegió la protección de vidas humanas antes que el enfrentamiento armado, fue mencionado pero, como dato político, quedó desplazado por otros acontecimientos. Sin embargo, La Jornada del lunes 3 de enero reconoce en su editorial, "la contención mostrada por el Ejército al abstenerse de tomar por asalto la plaza de San Cristóbal de las Casas y de las otras poblaciones ocupadas por los efectivos del llamado Ejército Zapatista de Liberación Nacional".

De manera similar, Ovaciones toma posición así, en su respectivo editorial: "La actuación del ejército regular en las primeras horas del conflicto, da cuenta de una conducta congruente con su carácter de institución republicana responsable de guardar la soberanía nacional" y recuerda cómo, desde la madrugada del día primero, la Secretaría de la Defensa nacional "ordenó al personal asignado a la VII Región Militar, ubicada en San Cristóbal de las Casas, permaneciera en el interior de las instalaciones esperando un posible diálogo del gobierno estatal para permitir que los integrantes de los grupos agresores armados retornaran a la legalidad".

Menos enfático, Excélsior, en uno de los dos comentarios de esa casa editorial aparecidos el mismo 2 de enero, se refiere a la disposición de la iglesia para mediar en el conflicto: "Es conveniente aceptar, y cuanto antes, el ofrecimiento". El Financiero se queda en la línea de la ambigüedad y, en su postura editorial, apenas alcanza a decir: "Los hechos de violencia que con el arranque de 1994 se iniciaron en diversas poblaciones del estado de Chiapas, son un anticipo de que el presente es un año difícil, no sólo por ese tipo de acontecimientos que seguramente encontrarán una solución en el diálogo, sino por constituir un año de transición para el país". Nada más.

El Norte va más allá y sugiere, en contraste con otros diarios del país, que podría haber justificaciones para el empleo de las armas; en su editorial, distingue entre varios tipos de violencia y reconoce a aquella "que viene de la desesperación y la "que viene de la injusticia", si bien llama a la paz "que sólo la justicia puede crear". Lo más importante, apunta ése diario de Monterrey, es no dar un tratamiento puramente militar al conflicto y argumenta en favor de "una salida sin represión".

En Hermosillo, El Imparcial resalta el que a su juicio es un carácter "suicida e irresponsable" del grupo armado y se apoya en una entrevista con un ex miembro de la guerrilla de Lucio Cabañas (uno de los grupos armados que actuó en el estado de Guerrero en los años setenta) para sostener que "será masacrada la sublevación", pues los rebeldes "son inconscientes del poderío del ejército mexicano" y porque las guerrillas "son totalmente anacrónicas en este tiempo". A diferencia de la cautela de los diarios de la ciudad de México, el editor de El Imparcial adopta una posición sin matices y abiertamente condenatoria del EZLN que, dice, desde su denominación "delata su origen", su parentesco "con las guerrillas centroamericanas" y que, considera, es parte de "una organización internacional que tiene la mano metida en Chiapas" cuyo fin sería "desestabilizar al país". Se trata, para ese diario sonorense, de una "provocación" por lo que el Ejército Mexicano no debería "ocasionar una masacre buscada por los dirigentes, con la que conseguirían publicidad a nivel mundial".

Menos drástico, también en su editorial, el Diario de Chihuahua recuerda que ya había conocimiento de la existencia de grupos armados en Chiapas, lo cual "fue sin embargo sistemáticamente negado tanto por autoridades locales como por el propio ejército". Pero también reconoce que la violencia, "sean cual fueren sus causas, debe ser evitada y provenga de donde provenga... el país entero perdería si se cede a la tentación de la violencia y se sustituye... el diálogo y la concertación por... las armas y la intolerancia". "Chiapas --dice este periódico de Chihuahua-- es una muestra fehaciente de los grandes rezagos sociales y de los altos índices de marginación política" aunque, quizá, quería referirse a la marginación social. Este diario, además, reproduce un recuento de La Jornada sobre "Las cifras de la miseria en Chiapas" y, por cuenta propia, elabora un "Reporte Especial" cuyo título es suficientemente explícito: "De la cruz, al fusil", en donde destaca que "La guerrilla chiapaneca se montó en las estructuras de comunidades cristianas".

En Guadalajara Siglo 21 intenta, desde el día 3, proporcionar un cuadro más complejo del que resulta de la enumeración de víctimas y la adjetivación a uno u otro de los bandos de la crisis chiapaneca. En notas firmadas, incluso de su subdirector Diego Petersen, recuerda ángulos como las carencias de la política social en Chiapas y, ya en sus notas informativas, es el primero de los diarios del interior del país, entre aquellos que revisamos, que le da voz al grupo en armas, publicando la Declaración de la Selva Lacandona. Además, Siglo 21 incorpora un sesgo infrecuente, al dar a conocer también excesos del Ejército Zapatista cuando informa que miembros de ese grupo asesinaron al empresario Enrique Solórzano, "que secuestraron desde dl día sábado".

El "llamado Ejército Zapatista" decía, todavía el 3 de enero, la posición editorial de La Jornada. Más tarde, la familiaridad con el EZLN lleva a que a ese grupo, en ese diario, se le trate con menos distancia. Los principales matutinos de la ciudad de México, ese día emplean denominaciones o calificativos como "rebeldes", "alzados", "guerrilla", "grupos armados", "transgresores", "agresores", "profesionales de la violencia".

Violencia había, ciertamente, aunque todavía de alcances imprecisos. El mismo 2 de enero, de acuerdo con los diarios de la mañana siguiente, el Procurador de Justicia de Chiapas da cuenta de 11 muertos y 15 heridos. Pero tales datos son tomados como insuficientes, de tal manera que diversos diarios ofrecen cifras contradictorias sobre los muertos, hasta entonces. La Jornada informa que van 56; El Heraldo se refiere a 55. El Nacional, Ovaciones y Excélsior, infornman de 57 muertos (aunque este último, en su editorial dice que son 51). El Financiero consigna que son por lo menos 74 en un solo día los cuales, sumados a los del día primero, ascenderían a más de un centenar. Diario de Chihuahua y Diario de Yucatán publican, el 3 de enero, que los muertos son 57. El Imparcial, de Hermosillo, asegura que son 65. Para El Norte, de Monterrey, 60. Según Siglo 21, de Guadalajara, los muertos son 107.


 

Lunes 3 de enero. La paciencia y la prudencia

Si bien desde el primer día del desafío del EZLN se conocieron llamados gubernamentales al diálogo, la primera definición del Presidente Carlos Salinas se produce el lunes 3 de enero cuando, ante una comisión de legisladores, asegura que "en ninguna región de México existe diferencia superior a nuestra capacidad de diálogo, ni distancia capaz de afectar nuestra unidad fundamental". Ese mismo lunes Socorro Díaz, subsecretaria de Protección Civil y Readaptación Social de la Secretaría de Gobernación, dice que los grupos alzados en Chiapas son afines a otros que operan en Centroamérica y admite que el gobierno federal sabía desde meses antes de tales actividades pero que "las circunstancias particulares de un ancestral atraso en la región, obligaron a actuar con especial cuidado y prudencia".

Prudencia, sí, y también paciencia. Todo ello hacía falta, incluso para digerir la cantidad de hechos informativos y, luego, de interpretaciones posibles que se van presentando, ya no sólo en los medios impresos sino también, con insistencias y con ausencias, en los medios electrónicos.

Otros acontecimientos del lunes 3 habían sido un mensaje televisado (reproducido en 24 Horas del Canal 2 y sintetizado en el Canal 13 y el Canal 11) donde el gobernador de Chiapas, Elmar Setzer, lamentaba los hechos de violencia y decía que los esfuerzos del gobierno no encontraban eco para alcanzar el diálogo, lo cual debía, en su opinión, interpretarse como una actitud de menosprecio a las instituciones. Además informaba que en consideración a los artículos 42 y 122 de la Constitución chiapaneca, había solicitado la intervención del Ejército. Setzer negaba que fuese a dejar el cargo y anunciaba una iniciativa de ley para que las elecciones estatales se realizaran este mismo año y no en 1995, como estaba previsto.

También el lunes 3 de enero, el Ejército Mexicano es atacado de nuevo en la zona militar de San Cristóbal. En Ocosingo seguía el enfrentamiento. En la ciudad de México, la Comisión Nacional de Derechos Humanos, CNDH, lamentaba los acontecimientos en Chiapas y expresaba su disposición para intervenir si lo solicitaban las dos partes en conflicto. En Washington, el presidente William Clinton instruía a su asesor en Seguridad Nacional, Anthony Lake, para que siguiera de cerca el desarrollo de los hechos en Chiapas. Mike McCurry, vocero del Departamento de Estado, consideraba que el conflicto no estaba relacionado con el Tratado de Libre Comercio.

 


 

La noche de un día difícil. Los desórdenes en 24 Horas

Con esas dos declaraciones, comienza la edición de 24 Horas, el noticiero del Canal 2 de Televisa, la noche del lunes 3 de enero. Era la primera ocasión que ese espacio informativo, que no se transmite los fines de semana, se refería a la crisis chiapaneca. Luego, el director y conductor del programa, el periodista Jacobo Zabludovsky, sintetizaba en los siguientes términos la jornada de enfrentamientos en Chiapas:

"El Ejército Mexicano sigue repeliendo a los grupos armados que desde el sábado tomaron en forma violenta las cabeceras municipales de San Cristóbal de las Casas, Ocosingo, Altamirano y Las Margaritas, en Chiapas... Dos de estas cabeceras ya fueron desocupadas por el grupo armado, son San Cristóbal y Las Margaritas, que están funcionando normalmente con sus autoridades civiles".

El propósito de ese noticiero, a diferencia de la mayor parte de la prensa escrita y de los espacios en la radio, era presentar el de Chiapas como un asunto ciertamente grave, pero en vías de solución. Además se insistiría, esa y las siguientes noches, en que se trataba de un conflicto muy localizado, en una pequeña región de Chiapas. Las imágenes del Presidente de la República primero y luego de la subsecretaria Díaz, tendían a recalcar que las autoridades ya habían tomado cartas en la crisis, luego del confuso e intenso fin de semana. Estas definiciones, 24 Horas las reforzaba con un control remoto desde Tuxtla Gutiérrez, donde el reportero Daniel Flores Meneses aparecía diciendo que en aquella capital chiapaneca:

"... todo es tranquilidad, las clases de todos los niños en edad escolar y de todas las demás, las carreras, secundaria, preparatoria y profesionales se han iniciado normalmente; las actividades comerciales también se realizan de manera normal".

Continuó: "Las corridas de los autobuses para todos los municipios del estado también están en forma normal..."

"Muchas gracias Daniel --respondió el conductor del noticiero--. Quiere decir que los desórdenes siguen muy localizados en dos de los municipios".

La presentación informativa de 24 Horas era contradictoria. Por un lado, se insistía en que los problemas chiapanecos se restringían a pocos ayuntamientos (dos, dijo Zabludovsky). Sin embargo, las pruebas de tranquilidad que se mostraban ocurrían en otro municipio, en Tuxtla. Y por otro lado, si aunque sólo en dos municipios había problemas, no se podía decir que los autobuses cubrían sus itinerarios de manera regular. El conflicto en Chiapas, que rebasó a todos los medios, llegó a ser tomado al menos en sus inicios como una algarada más, sin reconocerse en todos los casos que se trataba de una declaración de guerra, por parte de un grupo conformado, y autoconsiderado, como ejército.

Más que la observación de sus reporteros, la principal fuente de 24 Horas es, desde ese lunes, la información que proporciona en sus boletines la Secretaría de la Defensa Nacional. Indudablemente se trataba de una fuente primordial (aunque con reflejos tardíos y con dificultades para tener verosimilitud, como se indica más adelante) pero el hecho de que llegue a ocupar abundantes minutos convirtió a ése noticiero de Televisa en un espacio, más que plural, de comportamientos informativos rígidos. De la observación de sus reporteros, por lo demás, 24 Horas ofrece más descripciones subjetivas que noticias.

Esa misma noche, se presenta el relato de la reportera Susana Solís la cual, después de un recorido por la carretera San Cristóbal-Altamirano, insiste en que hay tranquilidad, si bien:

"... se aprecian vehículos de todo tipo con impactos de bala... Una fuerte tensión se respira en esta zona... La población civil se muestra asustada. Rostros de incertidumbre y temor cuando escuchan el transitar de vehículos... hombres armados en las montañas se mantenían en algunos tramos de la carrertera. Al parecer eran miembros de este grupo" (el EZLN).

No había datos, sino impresiones personales. Del secuestro de Absalón Castellanos, no se menciona nada. Más tarde, se daría paso al reportero Enrique Rodríguez quien comenta que logró presenciar un enfrentamiento entre el Ejército Mexicano y grupos armados, cerca de San Cristóbal. Pero las imágenes que ofrece, si bien dramáticas, muestran evoluciones de soldados mexicanos en actitud de espera, nunca se ve o se escucha un solo disparo.

Lo que sí se enfatiza, igual que en otros programas de Televisa, es una suerte de omniprescencia de esta empresa incluso en los episodios más críticos del conflicto, como si fuera un actor más en la guerra chiapaneca. La conocida muletilla de don Jacobo que suele presumir de las exclusivas que consiguen él o su equipo de trabajo y de la cobertura de sus noticieros, volvieron a ser motivo de espacios destacados en 24 Horas, sólo que de maneras más bien forzadas. Esa noche del lunes 3, cuando se informa del incidente en donde varios reporteros --uno de ellos resultando herido-- fueron víctimas de un ataque a balazos, Zabludovsky reseñó: "Un periodista del diario La Jornada sufrió heridas hoy... cuando cubría la información junto a nuestros enviados". Las escenas de Ismael Romero, herido y ya en un hospital, son mostradas durante un rato. Ciertamente muy grave y por eso denunciable, el episodio no era explicado y no se mencionaba con claridad de dónde, o de quiénes, habían provenido los balazos que hirieron, por fortuna levemente, al periodista Romero. En ese tratamiento, más sensacionalista que contextualizado, 24 Horas no fue la excepción. A la mañana siguiente La Jornada, como se detalla más adelante, mostraba el asunto como si se hubiera tratado de un atentado deliberado en contra de informadores de medios específicos.

 


 

Subversivos, transgresores, ¿por qué no simplemente zapatistas?

Seguimos con la televisión del 3 por la noche. En Canal 13, en el noticiero Hechos, el conductor Javier Alatorre se complicaba al confundir las siglas del EZLN con las de un partido político. Poco después de que se presentaban declaraciones del dirigente del Partido del Frente Cardenista de Reconstrucción Nacional, PFCRN, Alatorre dijo esa denominación en vez de la del EZLN. Por lo demás, siempre que lo menciona antepone al nombre del Ejército Zapatista la advertencia "autodenominado", en tanto que los reporteros se refieren a él como "grupo armado", o "subversivos".

Alatorre preguntaba, haciéndose eco de la duda que recorría a todo el país: "¿Quiénes son los integrantes del autodenominado Ejército Zapatista de Liberación Nacional?" y sin embargo, no había respuesta. En lugar de ello, el noticiero de Canal 13 mostró al reportero Samuel Prieto, en Ocosingo, junto a un miembro del EZ que afirmaba que su ejército no es de la burguesía. De lo anterior se deduce, decía Prieto, "que las fuerzas de Ejército son burguesas". Luego, el reportero sentenciaba: "Y claro está, se niegan al diálogo con el gobierno o algún mediador". Inmediatamente después se daba paso a la información sobre los periodistas atacados y se precisaba que el reportero Ismael Romero había recibido tres impactos en el hombro. Pocos minutos antes, en la presentación del noticiero, Alatorre había dicho que el reportero de La Jornada había sido herido "en diversas partes del cuerpo".

A diferencia del noticiero de Televisa, el de Canal 13 sí dio cuenta del secuestro del ex gobernador Absalón Castellanos, aunque para decir que no había confirmación, ni desmentido, sobre ese acontecimiento. "Se dice que fue asaltado y plagiado por un grupo de subversivos en su rancho de Las Margaritas", dijo el conductor, sin identificar explícitamente a los posibles secuestradores de ese personaje. Pero la principal originalidad del telediario Hechos fue, contradiciendo su nombre, la reproducción de una columna del periodista Miguel Angel Granados Chapa, aparecida ese día en Reforma, en donde se acusaba como "los generadores del radicalismo" en Chiapas al asesor de la Confederación Nacional Campesina Adolfo Orive y al dirigente de esa organización, el diputado Hugo Andrés Araujo. De entre docenas de comentarios que ese día habían aparecido en la prensa, los responsables de noticias de Canal 13 eligieron precisamente ése, en donde se presentaban alusiones, sin pruebas, sobre una presunta complicidad, o ligazón originaria, de los mencionados miembros del movimiento campesino del país con la insurrección chiapaneca. La manera fragmentaria como se mostraba esa nota, sin los matices de la columna original de Granados Chapa, hacían más maniqueas y persecutorias las imputaciones contra Orive y Araujo.

El noticiero del otro sistema de televisión abierta en la capital del país, Enlace de Canal 11, más breve que los anteriores, se limita a proporcionar una lista de acontecimientos, menos adjetivada y, así, menos intencionada que en las televisoras privadas. La información es sobria, en contraste con la de otros noticieros. La conductora Mayté Noriega se limitaba a presentar hechos, sin editorializar, y las opiniones de respaldo fueron buscadas en conversaciones con tres miembros del "sector intelectual" (los escritores Federico Campbell, Salvador Castañeda y Carlos Montemayor).


 

 

Medios extranjeros. Del color, al folclor

Para entonces, la noticia de la crisis en Chiapas había dado la vuelta al mundo. Desde el mismo 1. de enero, la CNN transmitió el hecho. Como casi no hay noticias por televisión el fin de semana, la mayor parte de los espectadores en países como Estados Unidos se enteraron de este conflicto hasta el lunes 3 de enero. Los más inquisitivos, como hubiera sido de esperarse, fueron los noticieros de la televisión estadounidense en español. Allí, a diferencia de los noticieros de las tres grandes cadenas (ABC, CBS y NBC) y de la misma CNN que se especializa en la transmisión de noticias, el tema Chiapas sólo fue el más destacado en los espacios informativos del domingo 2. Ya para el lunes, otros asuntos eran los más relevantes en la agenda de los noticieros internacionales.

La televisión estadounidense en español, en cambio, mantuvo enviados e incluso transmisiones directas desde Chiapas y la ciudad de México a lo largo de las primeras semanas del conflicto. En términos generales, esos espacios informativos tuvieron un desempeño que puede considerarse como profesional. La necesidad de decir en pocos segundos qué estaba ocurriendo, los llevaba a presentar hechos más que especulaciones, aunque existieron momentos de excepción respecto de esa conducta.

Cuando los enviados de los medios extranjeros que acudieron a San Cristóbal ofrecían algo más que noticias escuetas, entonces las visiones folcloristas, que destacaban más los aspectos exóticos de la política mexicana y del alzamiento indígena, solían prevalecer por encima de la explicación de qué estaba ocurriendo en Chiapas. La búsqueda de contrastes (los campesinos pobres ante el México de la modernidad, el EZLN en contra del TLC, etcétera) fueron muy socorridos. Por ejemplo, el lunes 3 el conductor del Noticiero Internacional de Telemundo (transmitido en colaboración con CNN Internacional) Jorge Gestosso, explicaba: "El país azteca esperaba celebrar el primer día hábil con un salto al primer mundo a través del Tratado de Libre Comercio norteamericano, pero en cambio, fue conmovido por una rebelión de campesinos indígenas en el sur, que ha cobrado por lo menos 86 vidas..."

El enviado de esa cadena, Harris Whitebeck, destacaba que la organización del EZLN, "están utilizando tácticas clásicas de la guerrilla, de una guerra de guerrillas, están utilizando tácticas como las de quemar registros civiles en los pueblos, utilizar sistemas que han estado en vigencia desde los años 70". Sin embargo, pronto se vería que más que como un agrupamiento guerrillero, el EZLN se manifestaba como un ejército, a diferencia de otros grupos parecidos en diversas experiencias latinoamericanas de las últimas décadas.

En los medios mexicanos, hubo quienes se inconformaron con ese tipo de apreciaciones. La prudencia instintiva, o resultado de decisiones corporativas que habrían sido tomadas después de la sorpresa inicial a partir del primero de enero, se combinaba en varios medios de nuestro país con una reacción nacionalista frente al escándalo, incluso con gusto nada disimulado, con que la crisis chiapaneca estaba siendo abordada en la prensa escrita y electrónica de todo el mundo. Ofrecemos algunos ejemplos de tales respuestas en México. El 3 de enero poco después del mediodía, en Para Empezar de Stereorey, Carmen Aristegui conversaba con el reportero Jorge Andrés Gómez Pineda, en los siguientes términos:

"-Fuera del aire, Jorge, me comentaste lo preocupante que es el hecho de que aparezcan, en la cadena de televisión CNN imágenes tan profusas de lo que esta sucediendo en Chiapas.

-Así es, Carmen. Hay muchas fotos en las primeras planas de los diarios de circulación nacional que pueden dar una imagen equivocada de lo que son los combates.

-Estoy de acuerdo contigo, porque en el extranjero pudieran pensar que las acciones violentas se manifiestan en todo el país. Debe quedar claro que Ocosingo no es todo el país, ni Rancho Nuevo es toda la República. La información debe ser manejada fríamente para no caer en errores de interpretación. Sí, hay inestabilidad en una parte del estado de Chiapas, pero es necesaria una estricta pulcritud para que estos hechos no se contaminen de intenciones o tendencias".

La mañana siguiente, en Antena Radio de XEB, el periodista Carlos Ramos Padilla editorializaba: "Nosotros hemos notado 4 puntos importantes en el manejo informativo del caso Chiapas. Primero, no hay que perder la dimensión de los hechos. Chiapas merece la atención de lo que ahí ocurre pero esto no refleja lo que sucede en todo el territorio nacional. Segundo, el llamado a la cordura debe imponerse de forma inmediata. Tercero, se tiene que encontrar nuevamente el respeto no sólo a la legalidad, sino a los articulados constitucionales. Cuarto, los acontecimientos inesperados en Chiapas no han concluido y por ello debemos ser prudentes en la información y en la formación de la opinión pública, considerando que es una enorme responsabilidad el manejo de la información".

Casi al mismo tiempo, en Stereorey, Pedro Ferriz de Con indicaba: "Quiero comentarle que el día de ayer me sentí profundamente lastimado e indignado por un comentario que hizo el conductor de un noticiario de televisión estaduonidense. Este señor dijo, refiriéndose al TLC y al conflicto armado en Chiapas: 'México ha comenzado 1994 con sueños de primer mundo, que han chocado con sus problemas reales del tercer mundo'. Qué miopía más triste de esta persona. México no necesita permiso para ingresar al primer mundo, nos hemos ganado esa posibilidad con esfuerzo, con trabajo. México ingresará al primer mundo, ya lo verán. De hecho, ya estamos en el umbral y eso es reconocido por todo el mundo. Lo de Chiapas seguramente se arreglará, sólo hace falta un poco de trabajo conjunto. Por último, sólo reiterar que es triste que un conductor de un programa tan importante haga declaraciones tan superficiales, tan torpes y carentes del más mínimo sentido de la realidad".

También en Para Empezar de Stereorey, pero en otro horario, Javier Solórzano comentó: "La información derivada de los acontecimientos violentos en Chiapas requiere de una objetividad a toda prueba. Es imperiosa la necesidad de que los corresponsales extranjeros, quienes hoy tienen la gran responsabilidad de informar sobre lo que pasa en México, actúen con seriedad. La objetividad es necesaria a la hora de que digan a sus países lo que aquí está pasando. Deben, pues, evitar todo tipo de excesos porque no benefician a nadie. Si bien nosotros hemos reiterado al interior del país la importancia de la objetividad informativa, así también pedimos a los colegas extranjeros que actúen en el mismo sentido. En estos momentos en que todos los mexicanos estamos preocupados por lo que en Chiapas está ocurriendo, debemos ser responsables y serios, porque estos elementos junto con la voluntad de diálogo seguramente nos conducirá a una solución positiva".

En La Ciudad, de Radio Mil, Mayté Noriega decía el 7 de enero: "Hemos visto cómo las agencias informativas extranjeras han empezado a manejar información que no concuerda con la responsabilidad. En este sentido, cabe destacar que estamos recibiendo información de una agencia internacional que señala que hay un estado de alerta máxima en el aeropuerto y que se está trabajando de manera normal. No ha habido llamadas extrañas o algún signo que pudiera causar alerta. Si en Radio Mil nos retrasamos un poco para darles información es porque nos aseguramos de que esta información sea verídica. Los sucesos de Chiapas sin duda se prestan para que se dé una avalancha de informaciones en uno y otro sentido. Y ante este panorama yo le quiero decir que no leeré más cables de agencias que no hayan sido previamente verificados. No daremos, nadie de los que en Radio Mil trabajamos, informaciones falsas".

Pero las informaciones, aunque no fueran verificadas, eran más atractivas que la ausencia de ellas. Y las informaciones catastrofistas, aún lo eran más. La televisión internacional se hizo eco, muy pronto, de las denuncias en contra del Ejército Mexicano que, como se verá más adelante, llegaron a configurar un clima de opinión singularmente adverso a las fuerzas armadas de nuestro país. Desde el 3 de enero el corresponsal de Univisión, Bruno López, decía mientras su camarógrafo mostraba los resultados de uno de los primeros enfrentamientos: "Son imágenes macabras. En una solitaria carretera amanecieron estos cadáveres, aquí murieron 24 rebeldes y 5 militares. Algunos insurgentes mostraban huellas de haber sido muertos a costa distancia. Según la guerrilla, fueron ultimados". Luego se veía a un miembro del EZLN, declarando: "Así es, así es (el Ejército Mexicano) toma prisioneros a los heridos y ahí los asesina". Había otras versiones, pero ese y otros medios informativos las ignoraron.

Tampoco era afortunadas, en todos los casos, las versiones que sobre el tamaño y la influencia del EZLN se ofrecían en los comentarios a cargo de especialistas en la situación de Chiapas o en el desarrollo de las guerrillas en México. El lunes 3 de enero en el segmento que conduce en Para Empezar, de Stereorey, Carmen Aristegui sostenía el siguiente diálogo con el escritor Carlos Montemayor.

"-¿De dónde crees que saquen (los miembros del EZLN) el dinero para las armas y cómo es que están tan bien preparados militarmente?

-Esta información no puedo dártela porque para ello tendría que ser un especialista en inteligencia militar, ser judicial o del grupo guerrillero. No sé de dónde provengan esas armas. Lo que sí puedo decir es que la estructura, la forma y la manera en que se desarrolla este levantamiento implica una acción absolutamente popular. Lo que también puedo asegurar, es que ese movimiento cuenta con todo el apoyo de todas las comunidades indígenas del estado de Chiapas y, por lo tanto, se trata de un movimiento de descontento popular generalizado en la zona indígena..."

Pero el diagnóstico extrarrápido tenía la desventaja de la desinformación, o del voluntarismo. Nadie podía precisar, apenas 48 horas después de iniciada la insurrección, cuáles eran sus alcances políticos y ni siquiera territoriales. Pero a todas luces era aventurado decir, como hacía Montemayor, que el Ejército Zapatista tuviera adhesiones de todas las comunidades indígenas de Chiapas. Más tarde, se podría constatar que incluso en la zona del conflicto militar, en Los Altos chiapanecos, el EZLN no contaba con unanimidad entre los campesinos indígenas, muchos de los cuales eran víctimas de la guerra y se inconformaban por ello.


 

Periodistas en la línea de fuego

De los diarios del martes 4 de enero en la ciudad de México, únicamente El Nacional destaca como su información principal las declaraciones del Presidente Carlos Salinas: "Sólo con diálogo tendrá solución todo reclamo: CSG". Para El Financiero, continuando con el tono escéptico de su editorial de la mañana anterior, merecía más importancia la siguiente revelación, llevada a encabezado principal: "Gobernación sabía de la guerrilla", a partir de las afirmaciones de la subsecretaria de Protección Civil y Readaptación Social de la Secretaría de Gobernación, Socorro Díaz. De las mismas declaraciones, Ovaciones y El Heraldo de México destacan que hay presencia de extranjeros en el grupo armado.

El Heraldo, en su editorial, procura explotar esa vertiente, tan sencilla cuando se trata de explicar asuntos complejos pero tan necesaria de comprobar en el estallamiento de un conflicto armado en un estado mexicano vecino con la hasta hace muy poco incendiaria Centroamérica. Sin embargo, de la especulación que era posible en las páginas de análisis, limitadas por la falta de información suficiente y clara, El Heraldo transita, facilonamente, a la certeza condenatoria: "...es indudable que son grupos que obtienen recursos de secuestros y del narcotráfico y de organismos extranjeros que pretenden crearle problemas al país, aunque sin duda hay que descartar a Rusia, Cuba y Nicaragua". En páginas interiores, ese diario presenta un reportaje de Luis Martín González Guadarrama en donde a partir de señalar que Chiapas es el estado mexicano en el que habitan, proporcionalmente, más extranjeros, se apuntalan las tesis del comentario editorial. De ocho párrafos y medio de esa nota, sólo uno está destinado al asunto de los extranjeros, a pesar de lo cual ese compendio de informaciones estadísticas es intitulado "Chiapas, el estado con más extranjeros".

En otras cabezas, todas las primeras planas de los diarios analizados destacan los enfrentamientos, ya para entonces generalizados en la zona del conflicto. Sin embargo la profusión informativa no siempre es garantía de claridad. El Nacional asegura que el Ejército Mexicano liberó dos municipios, Las Margaritas y Ocosingo, en tanto que unomásuno dice que los municipios recuperados por tropas federales son cuatro (los dos anteriores, además de San Cristóbal y Oxchuc). Pero de este último, ningún diario, excepto El Universal, había mencionado que hubiera estado bajo control del EZLN. Para El Heraldo, sólo Ocosingo había sido desocupado por los rebeldes.

El ataque a periodistas en Rancho Nuevo, es consignado por El Financiero y La Jornada, diarios ambos cuyos corresponsales se encontraban en el grupo agredido. No se menciona que con ellos, además de otro corresponsal, de la Agencia Lemus, estuvieran presentes enviados de Televisa, como Jacobo Zabludovsky había asegurado la noche anterior. En su primera página La Jornada, bajo el encabezado "Combaten a 16 km de Tuxtla", mostraba al reportero Ismael Romero, con el brazo derecho en cabestrillo y auxiliado por el periodista Francisco Gómez Maza de El Financiero, pero caminando por su propio pie, cuando llegaba a San Cristóbal en busca de auxilio médico.

Nunca se aclaró quiénes habían sido responsables de esos disparos. De cualquier manera reporteros locales, así como corresponsales nacionales y extranjeros, dieron a conocer una carta en la que solicitaban:

"... a las autoridades mexicanas en general y especialmente a las policías, al ejército mexicano, asi como al denominado Ejército Zapatista de Liberación Nacional actualmente en conflicto en diversos municipios y localidades del estado de Chiapas, México, su comprensión a efecto de que nos permitan ejercer nuestro oficio en todas y cada una de las áreas en combate y en sus instalaciones respectivas".

Es interesante cómo, todavía el día 3 cuando fue escrita esa justamente preocupada nota, los periodistas comisionados en Chiapas se referían, con respeto pero con distancia, al denominado Ejército Zapatista. Otros diarios, a pesar de que la noticia había sido ampliamente difundida en los medios electrónicos, no mencionaron la herida a Ismael Romero. Aparte de la natural competencia por las primicias, se podía advertir la rivalidad que, en una idea algo primitiva de la exclusividad, todavía implica que en algunos medios informativos no se mencione lo que ocurre en otros, o con sus trabajadores. Pero por encima de ella, comenzó a manifestarse un espíritu de autorreivindicación mutua, primero física y luego corporativa, entre los reporteros. La necesidad de solidaridad, entre unos y otros, fue convirtiéndose en defensa de intereses y privilegios: su derecho a transitar por las zonas en conflicto, a informar con libertad, a tener garantías de salvaguarda de su integridad física y sus materiales de trabajo. Esa solidaridad compartida por muchos de los enviados, aparentemente se tradujo luego en un sentimiento primero antiautoritario, y poco después antigubernamental, por parte de muchos de ellos. Nuevos ataques cerca de donde se encuentran periodistas, aunque por fortuna no provocan más heridos, sí afianzan el sentimiento de los reporteros, y junto con ellos de algunas casas informativas, en contra del Ejército Mexicano. Al margen de sus éxitos en el terreno militar, el Ejército comenzaba a perder la batalla en los medios de comunicación.


 

 

Martes 4 de enero. ¿De dónde vino el EZLN?

El 4 de enero, mientras las denuncias de La Jornada y El Financiero eran conocidas por sus lectores, estos eran los principales acontecimientos que se producían en torno a la crisis chiapaneca. En Tuxtla, por instrucciones presidenciales se instalaba una Mesa de Atención Social, encabezada por el titular de la Secretaría de Desarrollo Social, Sedesol, Carlos Rojas, con el propósito de recibir demandas de la población de Chiapas. La Mesa tenía recursos iniciales de tres mil millones de nuevos pesos.

Al mismo tiempo, la Secretaría de Gobernación designaba como portavoz único del gobierno federal, en Chiapas, al oficial mayor de esa dependencia, Eloy Cantú Segovia. Este funcionario, en sus primeras declaraciones, sostiene que en el "movimiento subversivo" participan "profesionales de la violencia" salvadoreños y guatemaltecos. Cantú contribuye, entonces, a documentar el posteriormente abundante caudal de especulaciones y mitos en torno al subcomandante Marcos, al cual describe como rubio, alto, de ojos verdes y hablante de cuatro idiomas. El día anterior, en Radio Mil de la ciudad de México, la conductora Mayté Noriega consideraba: "Me llama particularmente la atención el hecho de que el autodenominado comandante Marcos sea rubio, de ojos azules y hable diferentes idiomas, lo que nos habla de infiltraciones de no sé qué tipo". Y el 5 de enero, Cantú Segovia contestaba así a Guillermo Ochoa, que en el Informativo Panorama de Radio Acir, le preguntaba si Marcos podría ser de nacionalidad española: "No se puede precisar. No se reconoce un acento que lo identificase con alguna nacionalidad, pero de lo que se tiene absoluta certeza es de que no se trata de un mexicano".

También el 4 de enero, en La Ciudad de Radio Mil, conducido entonces por Gina Espinoza, se decía: "Algo más que llamó la atención fue que algunos de los sujetos del grupo armado usaban gorras con el escudo guatemalteco, e inclusive, nosotros pudimos escuchar a una mujer con un acento extraño. Finalmente, quiero señalar que hemos comprobado la versión de que en los días 28, 29 y 39 en la población Frontera Corasol, que se sitúa justo en la frontera de Guatemala, se encuentran 30 lanchas, las cuales fueron utilizadas para traer a territorio mexicano a guatemaltecos. Esto fue corroborado por diferentes agencias turísticas de esa ciudad de San Cristóbal de las Casas". Aparte del reconocimiento de que un agente de viajes podía estar mejor enterado del tránsito migratorio que la Secretaría de Gobernación, era notable la insistencia en que el origen del conflicto no se encontraba dentro del territorio mexicano. Antes, el 3 de enero en Radio Red, los reporteros José Luis Reyes y Ramón Hernández habían sostenido el siguiente diálogo:

"-Por la forma de actuar de los guerrilleros mexicanos de este autodenominado EZLN, ¿se puede establecer algún paralelismo con la actuación de los guerrilleros guatemaltecos?

-Así es, esa es la preocupación que existe en la institución armada, de que puede haber un vínculo directo con la URNG, porque tienen la misma forma de actuar ambos grupos.

-¿Ya se tenía alguna evidencia de que existiera algún tipo de intercambio entre los guerrilleros de ambas naciones?

-La sospecha que según dio a conocer el Ejército en Guatemala es que algunos mexicanos estaban colaborando con la URNG, y que podría haber algún vínculo, ya que la institución armada en su oportunidad dio a conocer la muerte de un mexicano en combate, cuando las fuerzas armadas guatemaltecas detectaron un reducto subversivo...

-¿Debemos entender entonces que al momento de producirse esta salida deGuatemala entrarían en contacto con personas en México que les brindarían auxilio?

-Exacto. Deben de tener una logística para poder sobrevivir en territorio mexicano cuando se dan las operaciones en el territorio guatemalteco. La institución armada fue clara al indicar que cómo es posible que esté haciendo esto la guerrilla guatemalteca cuando el pueblo y el gobierno de MÚxico le está abriendo los brazos, le están dando todas las facilidades para que permanezcan en su territorio".

Los reporteros desplegaban su diálogo, pretendidamente a partir de noticias, pero bordando en el riesgoso terreno de la especulación. De una versión, además interesada (pues provenía de fuentes militares guatemaltecas muy posiblemente con deseos de desprestigiar a la guerrilla de ese país que ha ganado su derecho a la institucionalización) construían y legitimaban realidades ficticias, pero conmovedoras para muchos radioescuchas desprevenidos, o poco enterados del asunto. Debido a versiones de ese tipo, el 4 de enero la Secretaría de Relaciones Exteriores descartaba que la Unión Revolucionaria Nacional Guatemalteca, URNG, estuviera involucrada en Chiapas. Sin embargo la hipótesis del origen guatemalteco del EZLN es tan atractiva para Radio Red, que esa emisora destina a un enviado especial, Víctor Carreón, por varios días al vecino país al sur de México.

Ese mismo martes 4 de enero, el conductor José Gutiérrez Vivó comentaba, también dentro de Monitor de Radio Red: "No descarte usted que en todo el proceso de lo que ha venido ocurriendo en Chiapas, pudieran existir intereses económicos, entre otros, del narcotráfico. Recuerde que para poder organizar a un grupo de paramilitares, como les llamó el gobernador de Chiapas, cuesta dinero. Las armas no son regaladas, los uniformes, la manutención, el entrenamiento, los campos, la intercomunicación, todo esto cuesta y cuesta mucho. ¿Cuántos son? Yo no los he contado; solamente repetimos las cifras que se dan; que ni son mil, que ni son 2 mil, pero mientras tanto, los que sean, cuesta. No solamente le veamos el cariz aparente. Ahí le dejo como tarea el que a lo mejor, en un futuro, surge dentro del patrocinio que en esto se pudo haber presentado, interés económico del narcotráfico. La pregunta es quién está poniendo todo ese dinero, porque no son solamente personas desposeídas las cuales se lanzan a la calle a robarse la mercancía de la tienda, estamos hablando de una organización".

Esa seguía siendo una interrogante abierta, todavía varios meses después de que estalló la insurrección. Llama la atención, de cualquier forma, cómo la ausencia de información confiable y suficiente daba lugar a especulaciones, junto con la presentación de las noticias o, incluso, a veces en lugar de ellas.

Por lo pronto, el martes 4, sigue el combate en Ocosingo. En Oxchuc, gente de la comunidad aprehende a cinco miembros del EZLN a quienes toma como rehenes y luego entrega, golpeados, a las autoridades. Se mantiene también el hostigamiento a la 31a. zona militar.

En Ocosingo, se conoce la voz de un tercer actor, distinto del EZLN pero también equidistante del gobierno, la Asociación Regional de Interés Colectivo Unión de Uniones (ARIC-U de U), la cual señala que no está vinculada con el EZLN y condena el empleo de la violencia. La ARIC U de U solicita a los gobiernos federal y local mayor atención a las zonas más empobrecidas. Pero ese llamado, si bien desesperado, no era tan espectacular como el desafío de las armas y de los fotogénicos combatientes indígenas del paliacate rojo y cuyos dirigentes se dejaban ver sólo con el pasamontañas puesto. Durante dos semanas, la existencia de la ARIC U de U pasa desapercibida en prácticamente todos los medios, a excepción de brevísimas y a veces crípticas alusiones en algunas notas de prensa. Más adelante mencionamos la presencia periodística de esa coalición de productores campesinos, tardía en comparación con su presencia de muchos años en la zona del conflicto chiapaneco.

En la búsqueda de puentes para comenzar a resolver la crisis, la dirigente del Partido Auténtico de la Revolución Mexicana, PARM, Rosa María Martínez Denegri, se sumaba a quienes consideraban que las iglesias podían ser mediadoras. A ese respecto el embajador del Vaticano, Gerónimo Prigione, daba a conocer que el presidente Salinas había pedido a la jerarquía de la iglesia católica que buscase "la manera de evitar el derramamiento de sangre". También en el DF, el secretario de Protección y Vialidad de esta metrópoli, René Monterrubio, decía que no había un dispositivo especial de seguridad adicional; "los hechos de Chiapas están todavía muy lejos de la capital", sostenía, aunque nuevos acontecimientos lo desmentirían muy pronto.


 

C. Cárdenas, El Nacional y Chiapas como pretexto

También el martes, Cuauhtémoc Cárdenas exigía que el gobierno desplegase una solución política, capaz de evitar una masacre de indígenas y campesinos en Chiapas. Que no se cargue a la institución militar con responsabilidades que corresponden a los más altos funcionarios civiles, demandaba el candidato del PRD. A partir de esta declaración se suscita un conflicto entre Cárdenas y el periódico El Nacional. Sin haber sido, estrictamente, una de las noticias sobre la crisis chiapaneca, este episodio forma parte del entorno, mezcla de intereses soliviantados en la confusión y desorden como resultado de la falta de asideros informativos claros, que se despliega en los primeros días de enero.

El Nacional del miércoles 5, al dar cuenta de esas declaraciones, destaca en su encabezado un sesgo que compromete y denuncia a ese candidato presidencial del PRD. Cárdenas, entre otros conceptos en un largo documento, aseguraba que él y su partido ganarían las elecciones presidenciales de agosto y, además, había declarado lo siguiente:

"Estamos seguros de que agosto de 1994 será el mes de la victoria de la demcracia en México y, una vez más, decimos al pueblo y advertimos al gobierno: no vamos a retroceder ni un paso. No permitiremos que se repita la burla de 1988, cuando aún no existía organización suficiente para defender nuestro triunfo y el gobierno buscaba un enfrentamiento trágico... No vamos a permitir que se imponga el fraude porque el precio de esta imposición, como se está viendo, es que se cubra de sangre nuestra tierra".

Esa afirmación, fue tomada por los editores del diario estatal para presentarla en primera plana y con el siguiente encabezado: "Cuauhtémoc: se cubrirá de sangre el país si no reconocen nuestro triunfo". El encabezado es motivo para una protesta, inusitada en las relaciones entre prensa y partidos en México. Dos días más tarde, el viernes 7, Cárdenas acude a la Procuraduría General de la República a presentar una denuncia por difamación en contra del presidente Carlos Salinas de Gortari, el secretario de Gobernación Patrocinio González Garrido y el director de El Nacional Pablo Hiriart Le Bert. Los cargos, según se dijo, eran manejo ilícito de información, vejación y difamación.

Pero en realidad, lo que El Nacional había hecho era destacar uno de los rasgos más escandalosos (y que desde el análisis político podían ser considerados como irresponsables) en el mensaje de Cuuahtémoc Cárdenas. A diferencia de su declaración del mismo primero de enero, formulada unas horas después de que se conoció el estallamiento de Chiapas y en la cual se manifestaba en contra de cualquier forma de violencia, independientemente de su origen, con su mensaje de tres días después (publicado en la prensa del miércoles 5) el candidato presidencial del PRD efectuaba un viraje. Luego de asegurar que él ganaría las elecciones, sugería que si el resultado oficial era otro habría nueva violencia. En el párrafo alusivo a un derramamiento de sangre si no se respetaban los resultados electorales, Cárdenas no aseguraba que él era quien iba a ganar, pero sí lo sugería en otros apartados de ese documento.

El Nacional no hizo mas que enfatizar las intenciones anunciadas por el ingeniero Cárdenas en su documento. En respuesta a la demanda penal, ese diario publicó el sábado 8 un editorial en donde señala que "cualquier lector puede comprobar fácilmente que la versión publicada en El Nacional corresponde fielmente al original del que procedió".

El incidente, aparentemente allí quedó. La PGR no informó, o no se publicó tal información, si la denuncia de Cárdenas había prosperado, por lo cual puede suponerse que fue más bien un recurso del candidato perredista para, al mismo tiempo, lograr algo de publicidad y emprender una leve rectificación respecto de su drástico mensaje del día 4. Aclaraba, demandando: si estaba en contra de un encabezado periodístico que destacaba la amenaza de llenar de sangre al país en caso de un resultado electoral desfavorable, entonces Cárdenas indicaba, aunque de una manera oblicua y críptica, que su intención no era contribuir a la inestabilidad.


 

 

La noche del martes 4 por TV: simplificar no es informar

Las informaciones del martes 4 son presentadas ya con menos desconcierto, a diferencia de los días anteriores, por los principales noticieros, aunque no por ello deja de haber contradicciones. Ese día, en Radio Red se dice que: "finalmente, se supo que el número de muertos por las hostilidades llegó a 110, de acuerdo a reportes proporcionados por la autoridad militar y por la Procuraduría estatal". En televisión Hechos, del Canal 13, sigue enredado en el manejo de cifras: hay "oficialmente" 96 muertos, anuncia el conductor Javier Alatorre en el resumen inicial, pero luego dice 93, en tanto que el enviado Samuel Prieto informa que tan sólo en Ocosingo hay 64 caídos del "grupo armado". Más tarde, la conductora Marisa Escribano lee un boletín de la Secretaría de la Defensa en donde se alude a 35 muertos del EZLN y, más adelante, del mismo grupo, a 59. Lo que sí hace este noticiero, es referirse al secuestro de Absalón Castellanos, asunto que el noticiero de Televisa, todavía esa noche, sigue ignorando; el noticiero Hechos, incluso presenta una conversación por teléfono con el hijo del ex gobernador.

Las imágenes de los neozapatistas golpeados por gente de Oxchuc, son terriblemente patéticas de los estragos que causa la guerra y en el noticiero 24 Horas fueron aprovechadas para subrayar la inconformidad que en la población de Chiapas suscitaba el EZLN. Generalizar a partir de ese episodio una conducta de rechazo de la mayoría al Ejército Zapatista era, al menos a esas alturas, tan aventurado como decir que todo el estado simpatizaba con los alzados. Si de algo había evidencia, era de una polarización social por lo menos en la zona del conflicto. De haber tomado como indicativas reacciones como las de la ARIC Unión de Uniones, quizá los editores e informadores hubieran asumido una actitud menos maniquea. En el caso de los golpeados de Oxchuc, Jacobo Zabludovsky presentó la siguiente versión, respaldada por imágenes de los presuntos guerrilleros amarrados y ya con la sangre seca, curtidos de moretones: "Los vecinos de Oxchuc decidieron actuar por su cuenta, aunque según la versión de uno de los habitantes de esta población, sólo fue una caída accidental". Uno de los capturados sostiene: "Sí, nos golpearon", y luego el reportero le insiste: "¿No se cayeron?".

Entre la ironía y la noticia, en la presentación de 24 Horas había, aunque fuese de manera indirecta, una justificación de la violencia, como respuesta a la actitud también agresiva del EZLN. Los argumentos del noticiero, podrían equipararse con los de aquellos que, a raíz del levantamiento en Chiapas, dijeron que frente a la violencia del Estado, demostrada en el rezago social de aquella entidad, había una "violencia de respuesta" que era, entonces sí, justificable.

En el incidente de Oxchuc, para Zabludovsky, se mostraba que los pobladores estaban "indignados contra los individuos que invadieron su pueblo el domingo". Se había tratado, así, de un hecho "que revela las consecuencias que puede tener el desatar la violencia". Pero, de manera explítica, ni el conductor ni el reportero de 24 Horas dijeron, como se aseguraría al día siguiente en la prensa escrita, que los aprehendidos en Oxchuc habían sido golpeados. Sólo se presentó, para quienes quisieran creer o entender, la versión de la "caída accidental".

Zabludovsky sentenció entonces:

"A muchas de estas personas que integraron el llamado Ejército Zapatista, los cabecillas los engañaron, les dieron rifles de palo, les dieron palos disfrazados de armas y les dieron dinero para envolverlos en esta aventura".

En cambio, el noticiero del Canal 13 no menciona la versión de la "caída accidental" excepto para desmentirla: "Pura mentira que nos caímos, nos golpearon bastante y con varillas, con palos", dice uno de los tundidos. Después de las imágenes de los casi linchados de Oxchuc, se muestran tres testimonios. El primero, de uno de los maltratados, que cuando el reportero le pregunta cómo llegaron al pueblo, apenas alcanza a decir: "Pues nadamás entramos así... pero ya queremos salirnos, no queremos problemas". Más tarde, se ve a un ciudadano que declara: "Es algo erróneo porque, al menos aquí, en el estado de Chiapas, el problema de lo que está sucediendo en Ocosingo y otros municipios, es lamentable porque nos estamos poniendo en contra de nuestros propios, o sea de nuestra propia raza..." Inmediatamente después, aparece una niñita indígena a la que se le escucha, llorosa: "Tuvieron mucho miedo mis mamá".

El conductor Alatorre, en ese momento, reflexiona:

"Estos hechos son definitivamente testimonios de tres víctimas de los hechos violentos que hoy sacuden nuestras conciencias. Uno, es el desposeído, convertido en carne de cañón. No puede ser llamado integrante de un ejército de liberación que ni siquiera conoce bien a bien, que ignora quién está detrás de esto y que ahora, postrado, invita a justificar por qué el llamado de algunos grupos, de dar amnistía a quienes fueron involucrados en el conflicto. El otro, es el maestro chiapaneco que, con cierto grado de preparación, sabe que la violencia sólo está llevando a la destrucción entre hermanos. Y otro más, la víctima de todo y de todos... Los hechos en Los Altos de Chiapas ameritan un análisis profundo. Y primero que nada, obligan a determinar con claridad la identidad y los verdaderos móviles de quienes promueven y patrocinan este baño de sangre condenado por todos los sectores de nuestro país".

Alatorre y el informativo Hechos, así, presentaban varios enfoques singulares. Ofrecían una versión que alertaba sobre el riesgo de profundizar la división entre los chiapanecos, recordaban aunque fuese indirectamente las causas sociales que concurrieron a la crisis chiapaneca e incorporaba la propuesta --que más tarde compartiría el gobierno federal-- para ofrecer una Ley de Amnistía a los alzados.

Las primeras frases de 24 Horas, esa noche, anunciaban:

"Comienza a regresar la normalidad a Chiapas. El Ejército Mexicano libera a los cuatro municipios que estuvieron en poder de transgresores armados en Chiapas. Los grupos se retiraron a las montañas y a la selva dejando muertos, heridos y detenidos, y lanzando ataques contra los soldados mexicanos. El Papa invita a deponer las armas y buscar soluciones pacíficas en Chiapas. El obispo de Tapachula dice que el gobierno está dispuesto al diálogo, pero que el autodenominado Ejército Zapatista no ha respondido al llamado. Carlos Rojas, secretario de Desarrollo Social, instaló hoy en San Cristóbal de las Casas una mesa de atención social; se entrevistó con representantes de organizaciones chiapanecas".

Esos eran los encabezados del noticiero. Se buscaba presentar una imagen de retorno a la tranquilidad, de invocaciones que podrían traducirse en puentes para el diálogo y, de paso, se recordaba la intransigencia que todavía aquel martes sostenía el EZLN (al que casi no se le menciona por su nombre) y que seguía rechazando la discusión con el gobierno. Sin embargo, el panorama que en esa edición presenta 24 Horas es todo, menos de normalidad. Además de las escenas de los golpeados en Oxchuc, se muestran escenas de destrozos causados en los primeros días de la insurrección, de gente con miedo, reporteros inseguros. Esa no es normalidad.

Pero si alguna de las ediciones de 24 Horas es paradigmática de un manejo informativo oblicuo, donde a pesar de la abundancia de notas y escenas el espectador se queda sin un panorama de qué había ocurrido realmente durante tal jornada, es precisamente la del martes 4 de enero. Allí hay muestras de justificación a la violencia como en el ya comentado episodio de Oxchuc, confusión en el desastre, manejo periodístico sensacionalista e incluso antiético y algo de contribución, aunque involuntaria, a versiones no comprobadas. Veamos.

 

Devastación y simplificación. "Nuestros enviados entraron hoy a Ocosingo", anunciaba el conductor como si la noticia fuera la presencia de las cámaras de Televisa y no lo que registraban. Susana Solís, reportera, aparecía describiendo: "En esta ciudad hay una aparente calma, aunque persiste la tensión por algunos tiroteos que se suscitan en el mercado principal". La cámara apuntalaba las descripciones, mientras la reportera se refería a "las carreteras bloqueadas por el Ejército... (a que) hay troncos y ramas de árboles en la carretera..." Luego, en la ciudad, se mostraba cómo "Los muertos, al parecer, cayeron hace varios días cuando fueron los constantes enfrentamientos, Ninguna autoridad o institución los ha levantado. Unos cayeron en las trincheras que improvisaron".

Ya dentro de un recinto cerrado, en donde se dice que había un grupo armado acuartelado, se mencionan "chamarras... hay algunas bolsas... que dan cuenta del uniforme del grupo", aunque solamente se ve una bolsa de plástico tirada en el suelo. Durante tres minutos, la descripción es tan poco coherente como las escenas que se muestran. Si todavía existían balaceras en Ocosingo, de ellas no hay evidencia en este reportaje de 24 Horas. Lo que sí era claro, y seguramente con razón aunque ese estado de ánimo no era noticia, era el nerviosismo de la joven Solís.

 

Sensacionalismo, ¿y la ética?. A continuación, en menos de dos minutos, Zabludovsky ofreció una nota del reportero Bruno López, de Univisión, que es una de las más sinificativas, y cuestionables, en toda la cobertura de la guerra en Chiapas. López no es reportero de Televisa, sino de la cadena de la TV estadounidense en español, de la que el dueño de Televisa es copropietario. Es decir, esta no era una información del equipo de 24 Horas.

En la grabación, se podían ver varios cadáveres tirados en la calle, como los que había mencionado la reportera Solís. El enviado Bruno López describe:

"Por doquier había cuerpos, se podían contar en las calles del pueblo más de 20, que habían transformado el lugar en el reino de los buitres".

Acto seguido, se ven volando lo que parecen ser unos zopilotes. Sigue López:

"De los ahí tirados, uno estaba vivo".

El reportero se acerca, micrófono en mano, a un muchacho malherido, tendido en la calle:

"Llevas mucho tirado aquí?"

La primera respuesta es inaudible. Luego se alcanza a escuchar:

"No sé nada, me trajeron a morir. Yo siempre dije que estaría aquí, yo voy a morir".

Sigue López, aunque esta parece ser su interpretación y no la declaración precisa del muchacho:

"Agonizante, aseguró que fue engañado y forzado a ir con los rebeldes, desarmado a un matadero".

El malherido, otra vez, incoherente y casi susurros:

"... Ya vamos a empezar la guerra, le dije, de ahí me agarraron..."

"A su alrededor --complementa, aunque no explica, el reportero-- se sentía la desesperación por sacar amigos y familiares heridos".

Luego, las palabras de un ciudadano:

"... Es que cayó una bomba adentro de la casa y a una señora le rompió los pies y a una niña le agarró los sesos..."

"Para los vivos --termina el enviado-- fue el momento de salir a la calle por primera vez y ver lo que encerrados se imaginaron".

Allí termina la nota. El pobre joven tirado en una calle de Ocosingo, había pasado a la fama televisiva gracias a la oportunidad del reportero de Univisión que descubrió que, en contra de lo que podría suponerse, enmedio de una veintena de cadáveres, estaba vivo.

Pero no le sirvió de mucho. El dramáticamente fotografiable, para provecho del espíritu sensacionalista confundido con noticia, pero desgraciado muchacho, allí se quedó.

Sí, en contra de lo que ya no solo principios de ética profesional sino de elemental sentimiento humanitario hubieran sugerido, el reportero López y otros corresponsales que lo acompañaban se contentaron con entrevistar al joven moribundo, acercarle el micrófono, tomar las que serían sus impresiones postreras, hacer negocio con ellas... y se retiraron del lugar.

No procuraron atención médica para él, ni lo acompañaron hasta que llegara alguna ayuda, ni avisaron a los servicios médicos que entre los cadáveres había una persona aún con vida. Allí lo dejaron. Tirado. Pero salió en televisión.

[Más tarde el reportero Jaime Avilés informó, en El Financiero, que al día siguiente el moribundo de Ocosingo había aparecido, ya difunto pero con un tiro de bala expansiva en la cabeza, en la planta baja de una casa en construcción. Ese reportero, asegura haber visto las paredes de la habitación salpicadas de masa encefálica, como evidencias de que el muchacho había sido asesinado allí, después de haber sido recogido en la calle. Aunque Avilés iba con un fotógrafo que intentó tomar gráficas de la escena, dice que la falta de luz impidió que salieran con claridad. Sorprende, al menos, que el fotógrafo no llevara flash. Pero en todo caso, esta versión indicaría que al efímeramente célebre muchacho de Ocosingo, después de que los primeros periodistas lo dejaron tirado en la calle, alguien lo recogió y le ayudó a mal morir, dándole un balazo en la cabeza. ("El dolor de volver a Ococingo" (sic), en El Financiero, sábado 5 de marzo)].

Sobre las ejecuciones, la misma noche del 4 de enero, Enlace de Canal 11 incluía una breve nota del reportero Daniel Ruiz en la que, teniendo como fondo las calles, aparentemente de Ocosingo, aunque la información se originaba en San Cristóbal, se escuchaba que, entre los cuerpos que allí permanecían, "hay cuando menos 5 cadáveres que tienen señales de haber estado amarrados y el tiro de gracia".

 

Guerra aérea, al aire. También la noche del 4 de enero, 24 Horas daba cuenta del empleo de artillería aérea para cercar, o para sacar de sus escondites, a miembros del EZLN. Anunció Zabludovsky:

"En San Cristóbal de las Casas, aviones del Ejército Mexicano atacaron desde el aire a los hombres armados que huían a las montañas y que disparaban contra soldados mexicanos".

Se veían escenas de aviones en vuelo. Y el reportero Daniel Flores Meseses, consignaba:

"El Ejército Mexicano, en su tercer día de enfrentamientos con grupos armados, bombardeó este martes por la tarde la sierra conocida como Zacualpa en el municipio de Acala, Chiapas, en donde se encontraban grupos armados".

Seguía:

"Ví desde la parte alta de San Cristóbal cómo los aviones, tres de ellos, dejaban caer sus proyectiles contra esta sierra en forma escalonada. 25 minutos duró este ataque, cuyos estallidos eran apenas perceptibles desde donde yo me encontraba. Los resultados de ese ataque aún se desconocen".

Ni Flores Meneses, ni el conductor del noticiero, hablaron de "bombas", aunque sí de "bombardeos", como se haría en varios diarios a la mañana siguiente. A pesar de la contradicción sobre el escenario de las hostilidades aéreas (el reportero dijo que ocurrieron en el municipio de Alcalá, en tanto que Zabludovsky se refirió a San Cristóbal) la nota era clara: Flores Meneses a lo lejos vió cómo caían proyectiles, a tal distancia que el estruendo apenas se escuchaba y consignando que no conocía las consecuencias de ese ataque.

En el Canal 13, muy brevemente, así se dio la información:

"Esta tarde en San Cristóbal de las Casas, se realizó un operativo militar en los alrededores de la ciudad. Aviones sobrevolaron las localidades de El Corralito y El Ocotal, desde donde focos de alzados les lanzaron fuego de metralla. Una hora duró el operativo".

Así se sugería, sin abundar en ello, que el fuego de los aviones militares había sido en respuesta a un ataque desde tierra. Era un tratamiento informativo, en ese sentido, escrupuloso. Pero había contradicción, con otras versiones, incluso respecto del sitio exacto de esas operaciones. Pocas horas antes, en Monitor de Radio Red, el conductor Enrique Muñoz presentaba al editor de El Tiempo de San Cristóbal, Amado Avendaño, quien decía que alrededor de las cinco de la tarde varios helicópteros sobrevolaron la zona al sur de esa ciudad:

"Una hora después vimos cuatro aviones que comenzaron a lanzar misiles. Yo, desde la azotea de mi casa, ví cómo cayeron unos 25 por ese rumbo de la ciudad. También oímos los estallidos".

Avendaño primero habló de "misiles". Pero a continuación, decía:

"El bombardeo terminó como a las 17.45 horas. Las gentes que viven en el sur comenaron a huir hacia el centro de la ciudad... Vimos cómo los aviones bajaban en picada y lanzaban las bombas. Cada avión lanzaba dos bombas al mismo tiempo".

Aparentemente, el cuatro de enero fue el primer día en que se emplearon los recursos de fuego aéreo de los que dispone el Ejército Mexicano. Quizá antes hubo algún otro ataque desde el aire, del que hubo poca evidencia en los medios. La mañana del 3 de enero el enviado de Radio Mil, Rubén González Luengas, decía que el suyo, "fue el único medio de comunicación que estuvo presente durante el bombardeo y en otros acontecimientos", pero no daba más detalles.


 

Las noticias dijeron bombas, aunque nadie las haya visto

Los proyectiles disparados ese martes 4 de enero, según otras versiones por cinco aviones y tres helicópteros del Ejército Mexicano y sobre una zona montañosa al sur de San Cristóbal, estaban dirigidos a un escondite donde se presumía había miembros del EZ. Allí se inició una de las grandes confusiones de la crisis en Chiapas, en donde los medios de información, en este caso (especialmente, aunque no sólo) la prensa escrita, contribuyeron no sólo a propalar, sino incluso a magnificar versiones no confirmadas.

Las agencias de prensa internacionales, el martes 4 y el miércoles 5 de enero no hablan explícitamente de bombardeos. Los despachos más precisos, mencionan a "helicópteros artillados y aviones que lanzaron cohetes". Agencias como UPI e IPS, sólo en una ocasión se refieren a tales hechos como bombardeos. Otras, como AFP, AP, DPA, Reuters y Ansa sí ofrecen, horas d